YARRITU

Cuando paseo por el centro de las ciudades, como esta semana, me suele atrapar el doble silencio de los lugares que de ordinario están repletos. Me ocurre con los teatros, campos de fútbol y basket, o plazas de toros, cuya silueta me recibe silente. Como si no le dejaran confesar toda las historias vividas en su interior.

De tantas veces en las que me ha ocurrido, he  llegado a pensar que todos esos edificios no son más que un reflejo de nuestra sociedad. Representan una imagen externa, la carcasa que resguarda la pulpa de su interior. Ese que sólo se pueda vislumbrar en unos contados y escogidos momentos, los que decidimos exponernos a la vista, y lo que es peor, al juicio de los demás.

Dice Chica9 que nada es lo que era y yo le contestó que la culpa la tiene el exceso de información, de influencias y flashes que recibimos cada día sin que debamos de hacer nada para ameritarlo. Con un móvil en la mano, abres un cortafuego por la que te cuelan pensamientos, criterios, influencias. Sin pretender siquiera ejercitar el pensamiento, te lo modulan. El alguien dicta en las sombras y tú solo mueves los labios que cantaba el Auserón ochentero en aquella Una Historia de Play-back de a La Ley del desierto.

Y no sólo no te enteras, sino que mantienes la errónea creencia de que el que ha concluido eres tú, cuando lo han hecho enteramente por ti. Eso sí, que no te pidan fundamentar lo que piensas, te lo han inoculado en tu mente a gollete y te falta el rescoldo que aposenta en tu interior el pensamiento macerado. No te han privado sólo de tu pulsión reflexiva, sino que, poco a poco, te oxida tu capacidad de esforzarte para cobrar objetivos. Eso es lo completamente fatal.

Da igual cuál sea el mantra a acuñar. Los toros deben desaparecer, la NBA es donde se juega el verdadero baloncesto, lo rural es decadente o te vas a duchar todo el invierno con agua fría por culpa del hijoputa de Putin (que seguro que lo será pero buscándole razones y no sólo porque te las escupan con mortero).

Se repite machaconamente una idea con espíritu proselitista y cala sin remisión. De forma que si discrepas, no hay más opción. O eres un desviado o un profundo idiota a juicio del resto del mundo (ese alineado a las redes). Lo malo es que nadie puede justificar el por qué en una conversación.

Feliz de ser un idiota. Me veo como le gritaban a Ramón Yarritu en Acción Mutante a su salida de la cárcel, Yarritu a la puta calle!!!!!

. En mi caso de la sociedad.

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Acerca de Asier Guezuraga Asier Guezuraga Ugalde, nació en Busturia el 9/4/1972. Pasó su juventud en pleno corazón de la Bizkaia profunda, la villa de Gernika, de cuyos recuerdos se nutre este blog. Taurino irredento, hace compatible su odio al fútbol moderno siendo hooligan del Gernika Club, el mejor equipo del mundo hasta que alguien demuestre lo contrario, Juntaletras de novela negra con dos novelas publicadas, apasionado del baloncesto, cocinillas y sobre todas las cosas, muy frikie.
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