ACRIMONIA

Defiende Chica9 que las parejas que no comparten el mismo cuarto de baño son mas pertinaces. La reflexión mundana se me ha quedado bucleando toda la semana, tan enganchada como se quedaban las bolas en los bumpers de los petacos con los que guerreábamos en nuestra adolescencia.

El arabesco me implica con el arma que nadie puede eludir: el pensamiento. Y concluyó que ya nadie comparte, porque se ha instalado a nuestro rededor una acrimonia en las relaciones que invariablemente transcurren en la media distancia. Como si al encarar a las personas que se cruzan en tu vida afrontases el contacto aplicando una suerte de electrólisis para recubrirlo de una galvanoplastia de metal. Para que no traspasen, para que no te toquen, para no sentirte concernido.

Antes, esta era una característica de las grandes ciudades, donde el contacto social no permeaba por aquello de las distancias, las multitudes o la ausencia de repetición en el tacto. Esas grandes urbes donde se sueña en grande y la soledad te caza en cuanto te despistas o encadenas una mala racha robando cartas del mazo.

Pero es que esta acritud social se ha trasladado a lo rural, a esos pueblos que replicaban una forma de vida en comuna donde la soledad era imposible, aun a costa de que se supiera todo de tu vida (y lo que no se lo inventasen para quedar acuñada en la version oficial). A diferencia de la ciudad, el acceso a las casas no estaba vedado (esa bendita costumbre de que la puerta estuviese siempre abierta) y, al fin y al cabo estrechaba lazos porque contemplar una casa es contemplar el alma de su dueño.

Así, cada vez es más complicado reemplazar a aquellos tipos que empeñaban su vida por el club de montaña, el coro o los equipos de cantera del club del pueblo, aun a sabiendas que nunca conseguirían triunfos deportivos. Que invertían horas y sacrificaban vida familiar para irse en una expedición a enseñar la Mesa de los Tres Reyes a generaciones que siempre estaban de paso, o compraban las vituallas para que los coristas se alimentasen el día de la final en Haro que nunca ganarían.

Personas que en un pueblo, para distinguirlos del vulgo siempre tenían motes, como Kubala, Puskas, Txepetxa o Luismariano, dependiendo al área a la que hubiesen dedicado su vida. Que vivían existencias entregadas a un fin y encontraban sus recompensas en el tardío reconocimiento que, muchos años después, les hacía un ex acólito que recordase con felicidad los tiempos compartidos.

Formaban parte de la fauna local, como las farolas que en un pueblo nunca tienen sueño, y acostumbraban a tener problemas para escuchar a su ocaso los cantos de retirada. Por mucho que los espejos siempre hostiles les devolviesen una imagen deformada de lo que fueron en la que les costaba reconocerse.

Han desaparecido sin reemplazo por varias razones. Apuntó tres.

- Un desprecio por el continente (imagen) priorizando el contenido. Les importaba lo que hacían pero no cómo vestían, usualmente en chándal, (el del futbol) ropa de montaña (el mendizale) o rollo iglesia (el del coro), y no perdían tiempo, no lo tenían, para la vanidad imperante en estos tiempos.

- Se consideraban miembros de una sociedad (su pueblo o barrio) a la que tenían que dar lo que a ellos les había dado. Puede sonar muy naïf en estos tiempos lo de la cadena de favores, pero les gratificaba sobremanera.

- Disfrutaban de una existencia más reposada, por la ausencia de tecnologías y la lacra de las redes sociales. Con lo que el día que transcurría mecido en sus rutinas (todo el mundo sabía dónde y cuándo le podían encontrar) duraba más de veinticuatro horas porque en el mismo cabía todo.

Cuando ahora, que nos creemos más listos de lo que eran los que nos precedieron no somos mas que aventajados discípulos de Mercurio. Valiente para vivir al borde el peligro, pero sin ser lo suficientemente inteligentes para no hundirnos en él.

Por lo menos, es lo que estamos demostrando.

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Acerca de Asier Guezuraga Asier Guezuraga Ugalde, nació en Busturia el 9/4/1972. Pasó su juventud en pleno corazón de la Bizkaia profunda, la villa de Gernika, de cuyos recuerdos se nutre este blog. Taurino irredento, hace compatible su odio al fútbol moderno siendo hooligan del Gernika Club, el mejor equipo del mundo hasta que alguien demuestre lo contrario, Juntaletras de novela negra con dos novelas publicadas, apasionado del baloncesto, cocinillas y sobre todas las cosas, muy frikie.
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