CORTI

Hay quienes erigen la heterodoxia como fórmula para afrontar los quehaceres de la vida. Suelen ser tipos dotados con un don desde la cuna para ver lo que otros no ven o llegar hasta donde otros no alcanzan. Corti era uno de ellos. Tenia madera de contador de historias, de compilador de emociones. Observaba los detalles. Y por eso narraba, no escribía.

Quizás no era quien mas y mejor manejase las claves técnicas del espectáculo, pero no tenía parangón en aquello de apresar la esencia que pululaba en la atmósfera. En licuar el aroma oculto en las imágenes para trasladarlas con fino estilismo a un papel. Porque, si algo se puede deducir de él, es que era fino con la pluma. Tan fino como rápido, ametrallaba el papel con esa clarividencia obsesiva del nacido para comunicar. Crónicas devastadas hasta el último detalle y ejecutadas con ritmo de ametrallamiento, de fuego a discrección.. En el tiempo en el que otros se acercaban a la maquina de café a por un cortado.

Siempre le vi como un entusiasta tímido. Vestimenta despreocupada, de esas que usan quienes quieren sellar con contrastes su carácter reaccionario respecto al conservadurismo en el que nos va enterrando la vida a poco que cumples añadas. Media distancia al inicio, para que la cercanía no le restase perspectiva. Pero, en cuanto tiraba la pata p,alante no reculaba jamas. Ahí le tenias siempre. A él y a su forma sardónica de ver la vida. Armazón para relativizar los problemas.

En el sprint final le traté y me llamó la atención su bonhomía. De cada tramo de su vida, le había quedado un puñado de amigos incondicionales. Gastaba, desde la platea de los cascarrabias, desprendimiento por lo material, para su primera mujer, sus amigos o su gente. Nulo aprecio por lo crematístico el visor fijado en lo sensitivo, y en el centro del visor su hija June. Ahí, no podia ocultar los costurones del sentimiento.

Fabulé en que se me antojaba un periodista de otra época. Aquellas de redacciones febriles y atestadas con la nicotina flotando en el ambiente. Con la bohemia como tarjeta de presentación. Le imaginaba llegando al límite tras estar ilocalizable toda la tarde. Sin prisas, haciendo gala de sus nervios de acero como entraban en el salón los protagonistas en las películas de John Ford. Con su andar bamboleante (porque si algo eran característicos de el eran los andares).

Basket, golf y boxeo. Religiones minoritarias que probablemente no merecíamos los virtuosos vuelos de su pluma. Apostó por las ruinas de un proyecto, el del Bilbao Basket cuando se desmoronaba, y se implicó al máximo con nosotros como lo que era, un gran hacedor de sueños aparentemente imposibles. Parte de la resurrección lleva su nombre. Por alentar y confiar. O simplemente por estar, sin que se le notase. Como a él le gustaba.

Nos deja un legado y una carga, la de redoblar todos nuestros esfuerzos para demostrarle que tenía razón y era posible. Por él. Para June.

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Acerca de Asier Guezuraga Asier Guezuraga Ugalde, nació en Busturia el 9/4/1972. Pasó su juventud en pleno corazón de la Bizkaia profunda, la villa de Gernika, de cuyos recuerdos se nutre este blog. Taurino irredento, hace compatible su odio al fútbol moderno siendo hooligan del Gernika Club, el mejor equipo del mundo hasta que alguien demuestre lo contrario, Juntaletras de novela negra con dos novelas publicadas, apasionado del baloncesto, cocinillas y sobre todas las cosas, muy frikie.
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