PEPE EL DEL PIANO

Heredé de mi Aita el ejercitar la mente en solitario. Probablemente, es sino de los Guezuraga, y así lo demostraron algunos de los que me precedieron, cuando embarcados en barcos industriales, capeaban temporales y soledades.

Esa andadura impar siempre provoca el alistarte en credos heterodoxos con esperanzas de vida exiguas. Y como a la vez hemos sido generosos en el desempeño laboral, lo que nos encontrábamos a las deshoras en las que salíamos, era una horda de disparatados y fugitivos del paraíso.

Me imagino que así llegaría el jefe hasta el bar de Astarloa de Pepe el del Piano, que creo estaba por donde ahora se encuentra la Cigarreria de Josu. Pepe tenía alma de artista en una villa como Bilbao en la que se estilaba alma de letra de cambio o de convenio colectivo. Se notaba desde el anunció de la entrada, una caricatura de esas en las que todo es cabeza, y en la que en este caso, el bueno de Pepe aporreaba el piano como reclamo publicitario.

Eran tiempos en los que esa conexión British de Bilbao, se había trasladado a los pubs ingleses, que proliferaban en Bilbao con maderas nobles, barras acolchadas en ski y botelleros con espejo atendidos por camareros ataviados con chaleco príncipe de Gales. Churchill, Senador, Old Tavern, eran varios de los que tomaron aquella senda. Y el Piano tenía ciertas reminiscencias, como lo tuvieran sus predecesores de las Galerías Isalo o Ibañez de Bilbao que rezaba como Pianísaimo.  Mucha moqueta y una forma de hacer las cosas distinta a lo que se conocía.

Pepe era de esos tipos que de tanto carisma que tienen, el propio carisma se los termina comiendo. Infatigable en su rol de showman burlesco, interactuaba con la clientela, (sois muy mamables les decía), , tocaba el piano, con su inseparable Roberto Abad,  y atendía a las peticiones que le lanzaba la concurrencia.

Con mis ojos de niño recuerdo que en el local había mucha moqueta y un permanente hedor a ambientador de los que se pusieron de moda a principios de los ochenta cuando los viajes de estudios se financiaban a golpe de ventas de ambientador de pino y recargas de bolis BIC. También que había una mujer tratando de poner orden en la anarquía de aquel local, que como ocurre con los toros bravos con los ganaderos, se parecía demasiado al descontrol que emanaba su dueño.

El antro no tardó en ponerse de moda. Iban parejas de bien de Bilbo a pasar la tarde noche del sábado (único día en el que se salía porque en la matinal se trabajaba), en las que Pepe doblaba performance al piano. Incluso los altas de Chica9 se acercaban junto a sus amigos.

Fue un canto de cisne que tardó en evaporarse tres años. Probablemente, en aquel momento Bilbao estaba culturalmente más para procesiones de viernes Santo que para la melancolía que, por mucho que se esconda, emana un tipo tocando un piano hasta la alborada.

Lo que si duró, más de lo que tarda en salir de la calle Henao un autobús de excursión de Escolapios, fue en desaparecer la caricatura promocional del frontal del local. Siempre me han cautivado los garitos, cines o discotecas que mantienen anunciados los programas años después de cerrar. Esa decadencia obsoleta me hacía recordar a Pepe cada vez que pasaba. Y a mi Aita.

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Acerca de Asier Guezuraga Asier Guezuraga Ugalde, nació en Busturia el 9/4/1972. Pasó su juventud en pleno corazón de la Bizkaia profunda, la villa de Gernika, de cuyos recuerdos se nutre este blog. Taurino irredento, hace compatible su odio al fútbol moderno siendo hooligan del Gernika Club, el mejor equipo del mundo hasta que alguien demuestre lo contrario, Juntaletras de novela negra con dos novelas publicadas, apasionado del baloncesto, cocinillas y sobre todas las cosas, muy frikie.
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