GUATA

Mes de mayo. He recaído en mi adicción. Esa que me acompaña desde que escuchara a los Zurrapak, grupo del poblado cuyo vocalista tornó, para asegurare el condumio, en empresario textil, entonar aquel tema “La Fiesta Nacional”. El mismo día que José Miguel Arroyo hiciera en paseíllo en Vista Alegre, con 17 años, entendí que el grupo de mi pueblo no triunfaría en la música.

Tras suscribirme a esas catacumbas televisivas del canal One Toro, he seguido regularmente San Isidro. Con una visita presencial que protagonice con Chica9,  ya que los votos se reafirman personalmente y no por poderes, tal y como entroniza el Nuevo Catecismo Católico.

Tras la ingesta taurómaca, andaba atrapado en dar forma a un pensamiento que me andaba rondando. Y, al modo de la del Rosebud de Ciudadano Kane quemándose en la chimenea, una imagen de anoche dio con la tecla.

Tras el coitus interruptus de las dos orejas en su primer toro y esa compensación tan latina de su segundo, una multitud de muchachos jóvenes se lanzan al ruedo a llevar a hombros a Borja Jiménez. En su fervor gregario le intentan sacar por la puerta de caballos, al no identificar la grande que da de lleno a la Calle Alcalá. Entre el candor de la escena se halla la clave.

El espectáculo ha cambiado y la media docena de aficionados que reivindicamos los cánones nos hemos convertido en una antigualla molesta. Tan  arcaico como llamar Norteamérica a los EEUU y tan fuera de cacho como aquel oficial de notaria, que en el Bilbao de los ochenta, continuo preparando las escrituras en la maquina de escribir tras prometer odio eterno al mundo de la informática.

Nos hemos convertido en mamarrachos que, como espantajos, reclamamos trapío en la docena de toros indecorosos que han pisado este año el albero o batimos palmas de tango cuando un semoviente se desploma como un flan de huevo, pidiendo urgentemente una transfusión de casta. Una panda de pirados que aleteamos los brazos porque un picador se pasa por el forro las bienaventuranzas o un banderillero invoca a Ley de Prevención de Riesgos Laborales para clavar de uno en uno.

Y que, además, tenemos una tara síquica porque, para cuando llegamos a Manuel Becerra, (los presentes), o freímos unas anchoas,(los ausentes) ,se nos han olvidado, por su escasa trama las orejitas neotoreras. Esas concedidas por el clamor de un público de aluvión que piensa que, sin orejas, la tarde se torna en gatillazo.

Ser un mamarracho tiene una parte candorosa. El repetir, a modo de Deja vu, momentos. En mi caso, durante las Corridas Generales de cada año se me acerca el mismo lúpulo, ahora caído en desgracia por no entender su condición de hoja caduca y no perenne, que me reprocha protestar de salida al mismo toro al que aplaudo en el arrastre.

Dilapido mi tiempo explicándole que a su aparición me refiero a su presentación y, tras despenarle, a su comportamiento. Pero, cuando se marcha ufano pensando que me ha desairado me doy cuenta, que, efectivamente, soy un completo mamarracho.

Por limpiar con guata algo para lo que necesitaría chorro de difusión.

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Acerca de Asier Guezuraga Asier Guezuraga Ugalde, nació en Busturia el 9/4/1972. Pasó su juventud en pleno corazón de la Bizkaia profunda, la villa de Gernika, de cuyos recuerdos se nutre este blog. Taurino irredento, hace compatible su odio al fútbol moderno siendo hooligan del Gernika Club, el mejor equipo del mundo hasta que alguien demuestre lo contrario, Juntaletras de novela negra con dos novelas publicadas, apasionado del baloncesto, cocinillas y sobre todas las cosas, muy frikie.
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