MOTEAR

En casa hemos sido de poner nombres. A todos y todo.. Una especie de jerga propia que aplicábamos en la esfera familiar y que hacia que cualquier no iniciado no se enterase de nada. Porque, para hacer más difíciles las cosas somos capaces de mantener distintas conversaciones cruzadas al mismo tiempo.

Teníamos a distintos personajes, Juanito El Lento era el taxista de mi abuela, Miguel Ligero un vecino que siembre iba de un lado para otro, El Parraplas, un tipo que hablaba sin parar y Las Pomelo, las farmacéuticas que no se caracterizaban por su amabilidad extrema. Había también por ahi una vecina que rezaba por Juanita La Larga, que lo único que tenia largo era el nombre y otro Piñabolas, porque creo que era guarda forestal u otro tipo de funcionario ganapán.

También apodábamos por gremios. Carlos Txirlas era quien nos proveía de almejas de Busturia, Patxi Pollo el dueño del restaurante y Angeles la pescatera la encargada del suministro de bivalvos y pescado azul. Méngele era el practicante, que nunca se separaba de su bolso de cuero (ese que solo llevan los practicantes)

Ya se sabe que en los pueblos se motea. El numero de apodos es inversamente proporcional a la dimensión del pueblo, de forma que en las aldeas nadie se escapa del sobrenombre. Pero en nuestro caso iba más allá, eran personajes de nuestra propia novela que no salían de las cuatro paredes del Lar familiar. Construimos un Cluedo con copyright familiar, donde en lugar de concluir partida diciendo que el mayordomo asesino a la cocinera con el candelabro en la biblioteca, decíamos que habíamos dejado en la mesa las aspirinas de Las Pomelo, debajo del paquete de Carlos Txirlas, justo cuando llegaba Juanita La Larga del alterne.

En las ciudades no existían esas travesuras dialécticas de juguete. Por eso Chica 9, cuando se lo cuento, me observa con los mismos ojos con los que disecciona cuerpos y vestimenta de aquellos que inundan Bilbao el sábado llegados de los territorios de ultramar que para un urbanista son los pueblos. Es normal. Por amplitud, las identidades se desparraman, las realidades vuelan en distintas latitudes y no estas bajo el foco de tus vecinos las veinticuatro horas del día, sino que puedes elegir cuando posas y ponerte tus mejores galas.

Lo entendí perfectamente nada más desembarcar en Abando y ver a procesión del Borriquito que postula la Iglesia de San Vicente. No podía haber mas resplandor. Brillaban hasta los borlones del cinto.

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Acerca de Asier Guezuraga Asier Guezuraga Ugalde, nació en Busturia el 9/4/1972. Pasó su juventud en pleno corazón de la Bizkaia profunda, la villa de Gernika, de cuyos recuerdos se nutre este blog. Taurino irredento, hace compatible su odio al fútbol moderno siendo hooligan del Gernika Club, el mejor equipo del mundo hasta que alguien demuestre lo contrario, Juntaletras de novela negra con dos novelas publicadas, apasionado del baloncesto, cocinillas y sobre todas las cosas, muy frikie.
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