SAGAS

Las laborales. Han desaparecido. Antiguamente en el poblado había una querencia insoslayable a seguir el oficio paterno. El hijo del carnicero se decantaba hacia heredar la carnicería y el del director de banco estaba predestinado a asumir sus galones crediticios.

Todo el pueblo así lo creía. Influía el hecho de que, antes incluso que existiera la figura de autónomo colaborador, el hijo del primero salía corriendo del colegio a embuchar hamburguesas y el del segundo estaba todo el rato jugando con cartas o mecheros con publicidad del banco. Y eso quieras o no dirige vocaciones. No sólo a tus ojos sino, sobre todo, a los del pueblo.

Cuando ahora lo único que terminamos deseando los padres es que nuestros hijos auren de la profesión paterna. En los últimos doscientos días he conocido a cocineros, administradores de comunidad, bancarios, abogados y dependientes de El Corte Inglés que invertirian tres cuentas partes de su peculiar por evitar que sus hijos se clavarán la mitad de las espinas laborales que a ellos les han perforado el alma.

Las razones son variadas. Una, la últraproteccion que sentimos por nuestros hijos los padres incompetentes. Y otra, la admiración que todos estemos por la acera de enfrente. Esa por la que te parecian siempre más enrollados los padres ajenos, más comprensivos las pareJas de los demás y mas llevaderas las profesiones impropias.

La conclusión que alcanzo es que hay una gran diferencia entre los animales y el género humano. Aquéllos deben descubrirlo todo en cada generación–y por eso están siempre en el mismo sitio de la escala evolutiva–, mientras que el hombre transmite lo ya aprendido y evoluciona a partir de ese punto donde lo han dejado sus antecesores en la carrera de relevos que entendemos como civilización.

Justamente, por eso no queremos que nuestros hijos se dediquen a lo mismo a lo que nosotros hemos empeñado en distraer nuestra vida.

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Acerca de Asier Guezuraga Asier Guezuraga Ugalde, nació en Busturia el 9/4/1972. Pasó su juventud en pleno corazón de la Bizkaia profunda, la villa de Gernika, de cuyos recuerdos se nutre este blog. Taurino irredento, hace compatible su odio al fútbol moderno siendo hooligan del Gernika Club, el mejor equipo del mundo hasta que alguien demuestre lo contrario, Juntaletras de novela negra con dos novelas publicadas, apasionado del baloncesto, cocinillas y sobre todas las cosas, muy frikie.
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