FOLLETOS

Hemos creado hijos con todo fácil y hecho, me contesta Chica9 cuando le traslado mi pasmo. Haciendo de collera al aflojamiento de las urgencias académicas de mi hereu (un angelito), me estalla en la cara mi propia realidad. Los padres no estudiantes del hijo que postula por estudiar asumen la portavocía de la pareja en la recepción. Reciben el folleto, lo ojean, lo valoran mientras realizan preguntas retóricas a su hijo, que este responde con monosílabos preñados de desinterés.

Mi abatimiento toma vuelo en el turno de preguntas de la charla. El marcador refleja un 1 de estudiante (no cabe duda de que tiene carne de delegado) por 10 de progenitor (con todos los aderezos del mamagallinismo como la repregunta, la complacencia y el orgullo filial babeante). A la finalización, el ponente organiza un paseíllo por el campus y, para el asombro de nadie, el grupetto lo comandan los padres. Justo, los que no van a ocupar las instalaciones que devoran con los ojos del complejo mamandurrio.

En la vuelta paseante, mientras mi hijo deglute su primera incursión en el fuego real de la vida adulta, me doy cuenta de que de poco puedo extrañarme. Lo recién ocurrido refleja el completo fracaso de mi generación en el ejercicio de la paternidad. Hay chicos de dieciocho años que no saben pelar una manzana, porque siempre ser la han pelado. Y no se dan cuenta de que con dieciocho años hay gitanos que tienen, mujer, recua de hijos y más de dos años ganándose la vida tirando de negocio propio.

Es que la realidad es pertinaz por mucho que los padres pretendamos engalanarla para la protección de nuestros hijos. Nos hemos convertido en un calotipo de aquel Roberto Benigni que haciendo de Guido en La Vida es Bella impostaba un teatro para que su hijo no se percatara de que la realidad es violenta y no hay paraísos inmunes a ella.

Probablemente es el resultado de la imaginación de algunos padres que me son coetáneos para los que existe un mundo ficticio de seguridad, tan idealizado como los recuerdos de su infancia. Un mundo que traen en la cabeza y que se les detona ante cualquier especie invasora de sus infantes a los que quieren alejarse de la alienación de la vida moderna.

Suelen pertenecer a un pelaje que idealiza lo rural de postal, aunque ni tengan puta idea de en lo que consiste. Anhelan cultivar tomates y lechugas en huertos urbanos y comprar ropa ecológica de comercio justo, sin saber que en realidad en el agro los vecinos patean al perro callejero cuando mea en su puerta o critican a los forasteros por melifluos, mientras las moscas vuelan alrededor.

El sístole y la diástole de la vida moderna.

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Acerca de Asier Guezuraga Asier Guezuraga Ugalde, nació en Busturia el 9/4/1972. Pasó su juventud en pleno corazón de la Bizkaia profunda, la villa de Gernika, de cuyos recuerdos se nutre este blog. Taurino irredento, hace compatible su odio al fútbol moderno siendo hooligan del Gernika Club, el mejor equipo del mundo hasta que alguien demuestre lo contrario, Juntaletras de novela negra con dos novelas publicadas, apasionado del baloncesto, cocinillas y sobre todas las cosas, muy frikie.
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