CUARTA DE CCGG: CÓNDOR ALADO

Llegó “El Cóndor” Andrés Roca Rey y se trajo debajo del brazo a la chavalería, esos JOTABIs (acrónimo de Jóvenes Taurinos Bilbaínos) que florecen en las corridas de tronío en los tendidos de un Vista Alegre que rozó el lleno.

Y sobrevoló todas las adversidades: el viento, soplado por ese dios antitaurino llamado Eolo, que propulsaba las muletas como si fueran pareos de playa, y las adversidades de los Victoriano del Río, una corrida que debe calificarse, sin paliativos, como una bazofia execrable.

Rompió desde la barrera del sonido la incomparecencia del sexto cuando se rajó al saberse perdedor, consumando un final en el que combatió la negativa de su oponente a tomar un solo pase hacia las afueras, por la vía de alternar derechazos con pases cambiados que clavaban la hiel en los labios.

Se lo debía al público que había venido en búsqueda del maná de su carisma, virtud que no es posible impostar: se tiene o no. A esa juventud ansiosa de salir contando que había contemplado un triunfo sobrenatural. Abrochó la épica de la gesta arrojando la muleta y lanzándose a matar a cuerpo descubierto. «Ícaro no necesita capa para volar», pareció decirnos.

La pasión conmovió a los tendidos y al que suscribe, que quiso ver un postrero homenaje a nuestro Iván Fandiño, quien dieciocho años antes le emulase sufriendo un quinario de incomprensión. Ha tenido que pasar una mayoría de edad para que Roca Rey, que ese día contaba con once años, absolviera el alma de nuestro paisano, que aún anda espolvoreada en el ceniciento albero.

Replico los triunfos de 2022 y 2025. Ese paso del tiempo, que troca ilusiones futuras por memoria, me permite recordar que la primera de las dos fue la mayor demostración de valor seco que han contemplado estos ojos. A partir de ayer, cuento con dos dedos.

Como teloneros acudieron Talavante, cuyo capote me parece siempre de las dimensiones del telón del Teatro Arriaga y de quien dicen que está en su cenit de madurez taurina, y Diego Urdiales, cuyo romance con Vista Alegre es de categoría gran reserva. Ni el primero anduvo maduro —más bien ventajista y pecando de toreo de afueras— ni el segundo pudo volver a entonar «Doña Inés del alma mía» como Don Juan Tenorio.

Es que venían a ver a Roca Rey y salieron volando gracias a él

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Acerca de Asier Guezuraga Asier Guezuraga Ugalde, nació en Busturia el 9/4/1972. Pasó su juventud en pleno corazón de la Bizkaia profunda, la villa de Gernika, de cuyos recuerdos se nutre este blog. Taurino irredento, hace compatible su odio al fútbol moderno siendo hooligan del Gernika Club, el mejor equipo del mundo hasta que alguien demuestre lo contrario, Juntaletras de novela negra con dos novelas publicadas, apasionado del baloncesto, cocinillas y sobre todas las cosas, muy frikie.
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