El tiempo es el bien más escaso y precioso. No da segundas oportunidades, los años que pasan se van para siempre y cuando lo tienes es clave emplearlo en el sentido oportuno.
Cómo agosto se impone como periodo de holganza, he aplicado mi media docena de días de vacaciones a contraestilo (ir donde no va nadie que no estuviera allí en otoño, invierno y primavera)para deternerme a observar como se desenvuelve la gleba en este periodo estival.
La primera conclusión nada más salir es que el avion, como medio de transporte, se ha proletarizado. En los ochenta montabas una vez cada quinquenio, en un viaje a Canarias al que se estiraba tu aita tras un golpe de suerte laboral. Te regalaban unas cartulinas con las que, debidamente formadas, surgía un avión de carton (para aquel que dominaba la Papiroiflexia).
El día siguiente lo llevabas a clase y tus compañeros flipaban contigo como si te hubieras convertido en el hijo de Ícaro.
Ahora los aviones, vayan a donde vayan, están llenos hasta los topes. Familias con niños, abuelas y perro pequinés. Parlotean en el viaje sin poder ocultar su azoramiento. El mismo del que se despojan aplaudiendo al piloto tras el aterrizaje, sin intuir siquiera que este no les escucha. El vuelo es agitación.
Otro laboratorio del comportamiento humanopm es el buffet del desayuno. Al igual que siempre he dicho que hay dos tipos de personas: a los que les gustaba el olor de la gasolina y a los que no, el mundo se puede dividir longitudinalmente entre quienes esperan frente a la tostadora a que el pán se tueste de quienes empleamos el tiempo en avituallar u otros quehaceres.
Y el que definitivamente me termina de conquistar es el que brota de la tierra en los espacios colectivos. Por ejemplo, parques y piscinas.
El desarrollismo económico en el que navega este país desde hace décadas nos ha traído un personaje propio. Ese que desde la franja social ganapán, ha conseguido una formación y unos ingresos dignos, pero no ha sabido aún sacudirse el polvo pudoroso de la era. Entra en el parque, vestido con ropa de marca y cadenas y radía en llamadas que son amplificadas a toda la concurrencia lo rico, poderoso y feliz consigo mismo que es.
Menos mal que ahora llegan las barrakas. Ese faro del occidente del costumbrismo quie no ha variado desde que Unamuno fue desterrado a Fuerteventura,