Si pensaba que se me había derramado mi capacidad de asombro llega el tocomocho del eclipse y su cohorte de sacacuartos.
Los datos objetivos son una duración de 70 segundos, medio país movilizado, la mayor tracción del turismo del año,, la búsqueda de la tierra prometida. La grey preguntándote ¿Dónde veras el eclipse?-como si fuera el dia D y la hora H del desembarco de Normandía.
Sólo se entiende partiendo de la asonada de una caja de resonancia mediática en un mes sin noticias agitada por la fuerza de la inmediatez (para ver el próximo tendrías que ir a Sidney, en 2028, como si el cordón umbilical de tu vida fuera el eclipse total).
Todo embadurnado del arquetipo “Naturaleza”. Ese que se pronuncia con tal fervor que hace sonar la mayúscula en el paladar. Hace unos años el ecologista o senderista o como quiera que se haga llamar, tenia un puntito naïf, como todo aquel creyente irredento, en este caso del mito del buen salvaje. Ahora, quizás porque todo se ha tornado del contraluz de lo artificial, se valora lo natural, como positivo y valioso por el hecho mismo de juzgarlo como natural. Y no puede haber nadas más indemne de la mano hiumana que un cruce de dos astros en su rotación.
Lo que me parece el descojono es la matraca comercial. Si no quieres quedarte ciego como Miguel Strogoff tienes que dotarte de unas gafas especiales, de esas que se construían para ver las películas en tres dimensiones con una radiografía del femur de tu madre y un papel cebolla que comparabas en la Imprenta Moderna. No veías nada pero como ocurre con los buenos momentitos de la vida, disfrutabas mas en la presparacíón que en el propio parto.
Felizmente, la vida es ir perdiendo partes del cuerpo que el tiempo pudre y capacidades que intentamos suplir con recursos vicarios: un teclado en una orquesta de verbenas cuando no se puede dominar un piano; sexo cuando nos han mutilado para el amor; consumo frenético cuando ya no hay ninguna esperanza de felicidad; diversión y cultura cuando ya no se puede creer en Dios.
Por eso toca concebir el eclipse total como un momento único en la existencia de cada cual.
El mio es sentarme en el Miren Itziar a comer el primer bonito con tomate de la temporada.