No se si por ser de pueblo, la temática o la potencia del personaje pero me ha atrapado el desrisque de la lotería de Navidad del C.R de los novillos (Zekorrak) de Igorre.
La foto que corona el blog requiere que, tal y como hizó Javier Cercas con el 23F, la diseccionemos para construir la Anatomía del Instante. 22 de diciembre, mañana entoldada, el presidente, apoyado en una muleta y ataviado con el merchan del club, dirige al tendido una mirada displicente que no parece empastar con la alegria de los gestores de la Administración de Lotería. Media sonrisa y ya sabe que, en asuntos de mentir y de sonreír, es mejor hacerlo del todo o dejar de hacerlo que quedarse a medias.
Esos quiebros del destino que amenazan con cambiar la vida de un pueblo y de los sieños de sus habitantes. En los pueblos se sueña distinto que en las ciudades, un coche, tapar un agujero, la boda de la hija o mandar a Marte al jefe de la quadriga laboral.
No obstante, a veces el dinero, igual que la belleza, es más una condena que un regalo. Sin tener ni idea de lo que haya ocurrido tejo la información que aparece en las redes y me parece un guion de Rafael Azcona, El boleto en lugar del pisito. Como dice mi compadre TGV cuando alguien le acusa de idear supuestos de laboratorio, lo que es realmente un laboratorio es la vida.
Brinco a mis recuerdos de tipo de Bizkaia profunda hacia Igorre. Navidades en los que toda asociación o club vendíamos rifas al igual que todos montábamos la Txozna el Último Lunes de Octubre. Por una mezcla de necesidad menesterosa de fondos y de ilusión colectiva. Imagino la explosión de la noticia de la bancarrota en un pueblo de diez mil habitantes. Las consecuencias en un mundo rural: el chismorreo malsano, la dictadura de las apariencias, la turbia complacencia en el escándalo ajeno.
Y en el patibulo nuestro personaje. Elucubrando sobre la forma de fondear para tapar las telarañas. Repartir la ruina no suele ser un formato exitoso porque, al fin y al cabo, en esta sociedad la solidaridad solo se conjuga en forma pasiva. Como ocurre en el toreo, los tiempos son importantes, y barrunto que nuestro protagonista los ha extraviado.
Ese mismo tiempo cantará si estamos ante ese tipo de hombres que sonríen con un gesto de astucia cuando engañan al acreedor o demoran el pago, especialistas en el regate corto, o un balarrasa al que, en este caso, el novillo de la organización le vino grande.
Esperamos por su bien y por el de los que en diciembre rieron y las miradas se les aguacharon en primavera que el asunto se enmiende.
Aunque no me compraría un décimo de la lotería del Zekorrak Por si te toca poner.