MENU DEL DIA

Una constumbre que vertebraba una ciudad y la dotaba de tintes hogareños para el visitante. Recuerdo cuando veníamos a Blbao desde el poblado a lomos de mi ama. El objetivo del viaje siempre eran asuntos médicos o de compras para eventos transcedentes BBC (Bodas, bautizos y Comunones) En ese complejito pegado a la piel tan propio de la gente de pueblo que nos hace pensar que comprando ropa en la ciudad seremos capaces de desembarazarnos del polvo de la era y de la marca de los rural.

En el primer tramo del mediodía, que ya se sabe que en lo rural los relojes adelantan con respecto al tiempo urbano, porque se amanece, come, cena y acuesta antes, comenzábamos el viacrucis y sus catorce estaciones. Acercándonos a otros tantos restanurantes a otear el papel pegado en la puerta. Tras analizar el roster, con sus consiguientes entrantes segundos platos y postres, hacíamos cónclave y, sin necesidad de hablar, un movimiento de cabeza sentenciaba. A otro. Ahí, hasta encontrar la paella que consensuará ánimos y pareceres o no pudiéramos calmar el hambre.

Erá otra característica que daba sello de gran urbe a las ciudades, la calidad culinaria. Mi ama decía que sólo se comñia tan bien por tan poco en Bilbao y Madrid, Tres platos de una calidad aceptable, a un precio asumible, regado con un vino, rebajado con gaseosa que, al menos, no te perforaba el píloro. Recuerdo que se formaban colas en la entrada de los que acostumbraban un mejor historial culinario. Se esperaba pacientemente a que el último cliente de la cadena de montaje, apurara el poste o el café (era uno u otro), o incluso trataban de ponerle nervioso fijando su mirada asesina sobre su cogote.

Poco a poco la modernidad se fue llevando los menus del dia. Y con ellos desaparecieron clásicos como la ensalada ilustrada, las patatas a lo poblé, el melon con jamón, el flan con nata o el escalope. Las ciudades se comenzaron haciendo dia a dia mas hostiles para el visitante, ya que, al igual que ocurre con los que van a misa o los taurinos, cada amanecida cerraba un restaurante que daba menu del dia y no abría otro. Hasta que, tal y como ocurre ahora, no quede casi ninguno en pié.

La alternativa, comer de pinchos,m es un completo tocomocho que demuestra como la sociedad es cada vez mas macilenta. Deglutes de pie y no sentado sin el orden de los dos platos y el postre, es más caro, la calidad ínfima y a las cinco de la tarde le comerías la pantorrilla al gordo de tu escalera.

Y lo mñás importante, comer fuera de casa ha perdido la liturgia. Como otras mil cosas que ocurren en esta neo sociedad, Recuerdo que la liturgia del menu del dia era que el mantel era de papel satinado, de los que desaparecían al contacto de cualquier liquido. Se anclaban a la mesa con unos ganchos infames. La diferencia era que si comías de carta el mantel era de tela. La liturgia centraba.

Ahora todo el mundo come en mantel de tela pero la comida es una piltrafa propia de alpiste avícola o de engrudo de semovientes.

Perra vida


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Acerca de Asier Guezuraga Asier Guezuraga Ugalde, nació en Busturia el 9/4/1972. Pasó su juventud en pleno corazón de la Bizkaia profunda, la villa de Gernika, de cuyos recuerdos se nutre este blog. Taurino irredento, hace compatible su odio al fútbol moderno siendo hooligan del Gernika Club, el mejor equipo del mundo hasta que alguien demuestre lo contrario, Juntaletras de novela negra con dos novelas publicadas, apasionado del baloncesto, cocinillas y sobre todas las cosas, muy frikie.
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