Vuelva Usted mañana, acuñó Larra para criticar la burocracia española en la que el trámite se impone al sistema.
José Antonio no ha esperado ni a mañana, no ha dejado ni que anochezca para anunciar que sigue exactamente donde lo dejara el 12 de octubre. Por lo menos, se dice que Fray Luis de León pronuncio el “Cómo decíamos ayer” tras tres años de encarcelamiento.
No seré quien enjuicie su decisión. Para mí todo aquello no era más que una rutina, una inercia de la que no sabía muy bien cómo escapar. Probablemente, anida en esa inercia que explica la mayor de las veces la pratica totalidad de las decisiones que vamos adoptando. Porque era más fácil seguir haciéndolo que decir que no.
Al fin y al cabo, hay cosas que nunca regresan, y el tiempo es una de ellas. Y, quizás por ahí se explica que Morante de la Puebla siempre me ha parecido que andaba desincronizado. En primer lugar, por ser una persona descontextualizada. Se me antoja un personaje propio del siglo de oro, que podía perfectamente acompañar al Capitán Alatriste por las tabernas de Madrid, o, incluso, de un actor secundario de un sainete propio de la picaresca española.
La desincronía alcanza al toreo. En esas dos líneas del toreo, arte y valor, conjuga perfectamente las dos en un solo cuerpo. No he visto jamas un torero artista con tamaño valor. Otra asincrónia taurina se fija en el lugar en el que Morante toma la alternativa, Burgos. José Antonio Morante Camacho curtido por el sol y la luz andaluza desvirgándose como matador en el páramo de Castilla La VIeja, donde el personal, austero y reservado, piensa para dentro
El desajuste se plasma también en el habla. Porque Morante habla pausado en un tiempo en el que la velocidad y la prontitud imperante en la sociedad alcanza la dicción de todos y te comes la siguiente sílaba para pasar de pantalla cuanto antes.
No puedo esconder que las dos últimas temporadas del maestro, aun desde la más profunda admiración, me tenían amoscado. Arrostro hasta los tendidos una recua de nuevos aficionados, que no se hubieran acercado sin él, pero convirtió sus tardes en un teatrillo en el que el el personaje termina por engullir al torero. El neo aficionado que se alista compra el pack mesiánico completo. Comida, copas, efluvio triunfalista, puro aunque no sepa fumar, triunfo, saludos y acompañamiento al hotel paseando al Mesías como se saca a la virgen de paseo en la fiesta patronal. Que el quinto fuera un marmolillo, o el segundo una babosa reptante no puede joderme la tarde y convertirme en un panoli cuando vuelva a mi pueblo y cuente la expedición.
Él como todos sabe que el alma es una de las fuerzas, siquiera sea la más esencial, de las que vienen a formar el carácter.. Y que nada se borra del todo, ni el bien ni el mal, que el pasado permanece y nos acompaña eternamente, como una sombra que no siempre podemos descifrar.
Iremos a verle maestro.