No me refiero a Banderas de Vizcaya, el nombre descatalogado, que aun muchos utilizan, de la actual Telesforo Aranzadi, que se erigió en homenaje a recuerdo de las banderas de FET y de las JONS que se formaron en Bilbao para luchar en las filas del ejército franquista durante la contienda de 1936, sino a las que se colocaban en las techumbres de los estadios de fútbol en los setenta y principios de los ochenta.
La grey más joven no se acordará. Cuando te acercabas a cualquiera de los estadios de primera división, encontrabas ubicadas las banderolas de todos los equipos de la liga. Lo cual, tenia su complejidad, porque, si bien algunos no tenían rotación, existían los equipos “ascensores”, como el Valladolid, el Mallorca, el Murcia o el Rayo, que tenían que ser desempolvadas un año para, una vez pasadas por la tintorería, volver a colocarse el siguiente.
Había también improvisación cuando el que ascendía era un equipo nuevo en aquella plaza. Así, cuando subía el Extremadura de Almendralejo, tiraban de una que tenían de reserva para el Barca por si el invierno venia helador. Con el LLeida se construñia un afiche azul con una de las dos rayas de la de la Real, y otro tanto, con un poco más de imaginación, con la arlequinada del Sabadell. Suerte que el Mollerusa, el que trajese a España al padre de Bojan Krikc y entrenase en segunda división el mítico Ricardo Moreno, no subiera porque, con el escudo que gastaba, la reconstrucción telar hubiera sido posible.
Lo curioso es que se colocaban que ondeaban colocadas según el orden de la tabla clasificatoria del momento.
Siempre lo entendí como un bonito gesto; como el de aquel que reserva en su propia casa un rincón especial para cada uno de sus visitantes..
Así que, aunque te pudiera generar torticolis podrias seguir la clasificación en base al enroque que de las banderas realizaba el trabajador del club en función del éxito o fracaso deportivo de cada cual en el fin de semana.
Las recuerdo en el San Mamés pre y post obras del Mundial 82 y como niño de pueblo atracción irrefrenable. En otros campos como el Helmántico, por razones arquitectónicas supongo, las izaban en la valla de los exteriores del estadio que daba a la carretera de Zamora. En Vallecas se colgaban de firma anárquica hasta llegar a la del Rayo que presidía la sede social de la calle Payaso Fofó.
Aquello, pese a parecer un detalle inane, abrochaba la transversalidad del futbol y de las distintas aficiones. Al estilo de las Casas Regionales, que servían para mantener los vínculos con el terruño. Cincuenta años despuñes nadie quiere ser del terruño (ni del Mollerusa o el Extremadura de Almendralejo) y solo piensa en viajar a Sebastopol en Ryanair,.
Sociedad proletizada.