No había nadie nacido después de 1980. A unos les capturó en aquellas noches canallas de La Mandagora con el maestro Krahe y Alberto Pérez en lo que ahora es el Lamiak de La Cava baja. A alguno mayor en el escenario de kiosco de pueblo del Si yo fuera presidente de García Tola. A algún otro por la grabación del directo con los Viceversa en el Teatro Salamanca de Conde Peñalver (justo donde ahora hay un Primark para echar una meada de perro al patrimonio cultural).
Soy de esos últimos. En el poblado abrieron varias salas de máquinas. Como siempre he tenido querencia al burle me arracime en una de ellas. Al dueño le había salido más cara de lo que esperaba la reforma por lo que sólo le llegó para comprar un disco para amenizar el ruido de disparos del Galaxian, el directo de Sabina y Viceversa que sonaba sin descanso.
Entonces le conocí. Y desde ahi le he seguido. Hasta la despedida de hoy. Sabina dijo un día que España no estaba preparada para un personaje del calado de Krahe. Creo que es aplicable a el. Esa canallesca sensible, emotiva y socarrona, requiere contar con un depósito emocional de sensibilidad que no es apto para todos los públicos.
Lo ha demostrado esta noche. Quizás no haya sido el mejor de sus conciertos, la voz ha perdido una cuarta o es demasiado aguardentosa, y sin mencionar si quiera la movilidad en el escenario. Pero, más que un hola y adiós ha sido un GRACIAS en forma de homenaje. A tantos momentos que ha hecho disfrutará a los que llenaban el BEC, a tantas cicatrices restauradas una noche de bajona o por la banda sonora de aquella noche que no olvidaras.
Al igual que Paul Newman no ganó el Oscar por su mejor interpretación y se lo terminaron regalando por El Color del Dinero. Sabina ha vencido al billar al gordo de Minessota
Va por ti maestro