LA SOPA

Mantengo con Chica 9 una mismo credo. Confianza plena en la trascendencia y autonomía del amor. No como todos esos que piensan que es solo era un espejismo biológico al servicio de la perpetuación de la especie. Todo hasta que llega un fin de semana como el recién vivido.

La distancia sideral que tenemos con la generación de nuestros hijos se explica por sí sola por el hecho de que hablaran probablemente más con Alexa que con Jesucristo, justo lo contrario de aquella sociedad del tardofranquismo en la que crecimos en los que tenías que confesarte, en versión comunitaria o de reclinatorio, y aquello que no era pecado, generaba culpa o pensamientos de calificación 3R.

Nos las prometíamos felices el viernes camino a Gorliz. Temperatura veraniega, noche apacible y reserva cerrada en un “boteco” de Plencia al que le teníamos ganas desde largo. Como nos gusta regar religiosamente la comida, decidimos hacer noche en el tálamo de allí hasta que caemos de bruces en la primera estación del viacrucis. Comenzaba la ascensión a nuestro Monte Golgota particular. Hijo/a 1 había decidido unilateralmente amartelarse en la misma casa con su respectivo Novio/a. Pernocta cancelada y a Bilbao ayunos de vino.

Cuando llegamos, descubrimos a Hijo/a 2 que arrastra un proceso vírico que le ha dejado su lengua y laringe moteadas de aftas. Por lo tanto, me siento compelido a prepararle de maitines una sopa de fideos de sobre Gallina Blanca, de los de toda la vida. Un minuto de ebullición. Chica9 aprovecha a desayunar con Hijo/a 3 que le expolia media docena de pinchos, que no hay ruina mayor que comer de pinchos. Es lo que tiene la mezcla de diáspora laboral y hambre juvenil, que nunca se agota de una sentada.

A nuestro reencuentro decidimos pergeñar una nueva huida. Esta vez a una casa sin hijos ni novios y a relativa distancia de todos ellos. Incluso nos animamos a celebrarlo con el vino que no nos dejaron tomar en la cena previa. Craso error. A la madrugada recibimos una llamada. Hijo/a 4 e Hijo/a 5 en conexión directa desde las urgencias del Hospital de Basurto. A uno de sus amigos le han partido la nariz durante la celebración de su cumpleaños en la que estaban enredados y le han acompañado la ambulancia a modo de Santa Compaña.

Vuelta a Bilbao, convencidos de la conveniencia de esposarnos a la pata de la cama durante el tiempo restante de fin de semana. Al llegar, encontramos a Hijo/a 3 sudando el virus en su cama, a Hijo/a 4 e Hijo 5 durmiendo la mona y sudando el susto bajo sus sábanas y, lo que es más importante, la cazuela de la sopa vacía.

Me entero después que se la zamparon nada más llegar a casa para entrar en calor después del frio y el mal cuerpo de las Urgencias.

Nueva mañana de sopa para la enferma vìrica. Y además como pierde el Bilbao Basket y para no pensar preparo una cazuela de albóndigas. Que estoy seguro además que se levantarán con hambre.

Me pregunto a mí mismo cuando me he convertido en el típico representante de esa parte del mundo apacible y civil, dócil y obediente a las normas de convivencia.

Y ningún miembro de la prole pierde el hambre.

Pase lo que pase. Y caigamos los que caigamos.

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Acerca de Asier Guezuraga Asier Guezuraga Ugalde, nació en Busturia el 9/4/1972. Pasó su juventud en pleno corazón de la Bizkaia profunda, la villa de Gernika, de cuyos recuerdos se nutre este blog. Taurino irredento, hace compatible su odio al fútbol moderno siendo hooligan del Gernika Club, el mejor equipo del mundo hasta que alguien demuestre lo contrario, Juntaletras de novela negra con dos novelas publicadas, apasionado del baloncesto, cocinillas y sobre todas las cosas, muy frikie.
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