Me detengo en el titular de una entrevista de El Confidencial. Extrañamente ya que es de un filósofo francés, cuando disciplina y nación me generan de ordinario refracción.
“El mundo se ha vuelto indescifrable para los que han nacido antes de 1989"
No se puede definir mejor ese crater entre generaciones en el que nos situamos. Más menos como hizo Moises con las aguas del Río Nilo, los nacidos antes y después de ese año nos situamos en riberas antagónicas.
El filósofo echa la culpa del asunto a las pantallas. Aunque, siendo filósofo y francés estoy convencido de que tendrá mucho más criterio que yo, creo que no es cuestión tecnológica (pantallas) sino humanista (valores y especialmente pérdida de arraigo)
La generación pre 1989 teníamos arraigo al patrimonio cultural y, específicamente, al costumbrismo y una vinculación a fuego con esa forma de ser, parecer u desenvolverse en la vida que veíamos en nuestros pueblos y barrios. Nos sentíamos miembros de algo, de una red invisible que nos vinculaba con un tiempo y lugar, aquel en el que habíamos nacido.
Probablemente, por que el visor no apuntaba más allá y te quedaba diáfana la superficie del campo de juego, pero tener límites y fronteras mentales centraba. Al fin y al cabo, si nunca salías del poblado, tu forma de pensar se adecuaba a este del que ni te planteabas si ibas a salir. Desarrollabas un ruralismo posibilista.
Cuando los de añadas posteriores no pueden estar arraigados a un espacio cuando un Ryanair les lleva a Bérgamo desde Vitoria por 35 euros y juegan una partida de Fortnite (si aun se juega) con un tipo de Bristol al que no volverán a ver.
De esta forma, es imposible que un espécimen de esta trinchera se motive por una novillada de dos espadas en Orozko, como se fumó el menda el pasado domingo, o monte, como hicimos en los años noventa, un grupo de acción que se decía llamar Komandos Gernika para la veneración y acompañamiento del mejor equipo del mundo, aun a pesar de los últimos ochenta años de mala racha, como es la SD Gernika Club.
Al fin y al cabo es lógico que cuando puedes ver en Movistar+ al Chelsea no vayas a pasar frío empapándote en un Gernika Ejea de los Caballeros con más humedad que en el espigón norte del puerto de Hamburgo.
Les entiendo pero no es mi vida, Toda para ellos.
Me quedo sentado e el tendido de la plaza de todos de mecanotubo de Orozko