Txinpum. Acabaron las CCGG más exitosas que uno recuerde. Las del frasco pequeño de las seis corridas. Las del indulto de Tapaboca, las de las dos vueltas al ruedo a los toros de Dolores Aguirre y Victoriano del Río. La de las salidas por la puerta grande de Roca Rey, Borja Jimenez y Urdiales.
No obstante, para el que suscribe al que todos los datos estadísticos anteriores preocupan tanto como un accidente de tráfico en Pekín han sido las CCGG de la esperanza. Llegaba ahíto de desilusión y se va pensando que tras el trampantojo del BMF Kanpora de la Asociación El Toro de Bilbao, las vueltas al ruedo de los JoTABis vestidos de Gucci y los llenos en galerías y tendidos de sol se esconde un organismo vivo al que le importa lo que ocurra con esta maravillosa fiesta en la villa.
Empapado en la muleta de la ingenuidad, hay que felicitar al Sr Gallardo, ganadero de Fuente Ymbro por la presentación, corrida de hechuras parejas, larga como el AVE que se fleta para que los madrileños invadan Sevilla el fin de semana de feria y ofensiva como una manada de adolescentes en celo. Lo que nadie, ni el ganadero intuía, es que dentro de esa carcasa escondían una embolia de mansedumbre y falta de raza. Porque si por algo se tapo la corrida fue por la casta (defensiva) que tiene la vacada de serie que opacó la indigestión de sosería que demostró la sucesión de FuenteYmbros que pisaron el albero.
Ureña arrastra una pena negra que le hace parecerse a Malasuerte, el rufián de los Picapiedra al que una nube infame aguaba hasta sus mejores intenciones. Que en este caos fueron la pareja de inválidos que le tocaron en malasuerte y esa indolencia que tiene adherida a la piel.
A Fortes, al que un atolondramiento congénito le impulsa a querer pasar pantalla antes de que la anterior avance, le pudieron sus ganas de agradar y le pesaron esos dos bovidos destartalados que no merecian más suerte que sus carnes engrosaran los frontales de los congeladores de las carnicerías. Se le intuye un toreo largo, bajo y profundo que hace que queden ganas de verle.
Adrian tiene aura de triunfador y de afortunado en los sorteos. Como la vida te da muchas veces aquello que te quita cumplió el segundo vaticinio y no el segundo, ya que cualquier aficionado presente en Vista Alegre que hubiera ojeado cinco segundos El Cossio saldría ayer echando pestes. No es fácil ser tan vulgar, basto, pega pases en una plaza de toros (teóricamente) de primera y salir indemne y con una oreja en la buchaca. El griterío y los zapateados de su último ejemplar merecerían una condena de varios años en Sing Sing por atentado grave al buen gusto taurino con agravante de que parece que se lo creé.
Sean felices al año que nos queda hasta el próximo toro en Vista Alegre.