Le veo en un monitor de televisión mientras cenaba con mi hija. Clamando cerrilmente en una calle de Torre Pacheco. Gasolina con ricino en un entorno ya de por sí flamígero.
Continúa con el mismo porte que gastaba en las pistas. Se conserva joven y lozano desde la atalaya de sus 205 centímetros. Como dice mi compadre JS, es que lo que envejece realmente es trabajar.
José Angel Antelo, gallego, el mejor jugador de su generación, 1985. Cantera del Real Madrid. Llamado desde joven para la gloria y, mira por donde, la gloria le alcanzó en Murcia cuando su carrera empezaba a despeñarse tras un peregrinaje de varias estaciones en la liga LEB. Incluso, llegó a ser hombre de negro durante una temporada que pasó sin pena ni gloria.
Se aquerenció allí tras su retirada y se hizo político. De VOX. Y ha llegado hasta la Vicepresidencia de la Comunidad Autónoma de Murcia. Un gallego entre los zagales de la huerta murciana.
Le percibo ante los medios el desparpajo de aquel acostumbrado a ser noticia desde joven. Pontifica en la búsqueda del proselitismo de su ideario. Polarizando el país como si aun necesitara de más polarización.
Es un rol en el que no le reconozco. Me resultaba más familiar posteando en la zona o cargando el rebote en ataque. Mis recuerdos se quedan anclados en aquellos años en los que brillaba en el Palacio de los Deportes. Tiempos en los que braceaba ansioso en una cancha de baloncesto a la intemperie.
Del braceo de cuerpo al braceo en la calle para azuzar un pensamiento de odio.
Caminito en espiral