SAN JUAN IBARRA

La única opción de comer fuera de casa,  mas allá de bautizos, comuniones, bodas o un menu del día aquel martes que te tocaba médico en Bilbao, eran las cerveceras una tarde noche de verano.

Tu aita se henchía de poderío por el doble efecto de la temperatura propia de la canícula y las vacaciones, que, por aquello de la escasez, cuanto más trabajas es cuanto más las valoras, y clamaba ufano un “hoy, cenamos en la pollería”. Aquella frase era recibida entre vítores porque, si algo tenia nuestra infancia, era una repetición incansable de días iguales, que tienen su magia, justo hasta el momento en el que la gastas.

Y eso que la pollería, por lo menos la de que anidaba frente a mi casa, llamada San Juan Ibarra, si de algo no andaba demasiado sobrada era de magia. Pollos resudados ensartados en un asador emparedado en la trasera, tipos trasegando el pollo con manos descubiertas facilitando el trasvase de bacterias por la cadena trófica. Y como premio especial, todo el instalache propulsado por media docena de bombonas de butano, que con sus recambios apilados en una esquina, podían, en caso de deflagración, elevar a la concurrencia a la luna sin necesidad de montar en el Saturno V.

El proceso de pedido se resumía al binomio cola-bandeja. Muchas veces pienso que la modernidad nos ha privado de ese tiempo de introspección que te permitía la espera de la cola. Hacías una para pedir la bebida que tenia no más un poker de opciones, agua, cerveza en jarra, vino de Arrate y refrescos (Pepsi o Mirinda que eran de la misma familia). Otra para la comida, pollo, ensalada y patatas fritas hechas en una freidora cortesía del comercial del aceite de colza. Te lo encajaban, tras perfeccionar el pago en una caja registradora con más culo que la pantalla de una Telekunken, en una bandeja con platos Duralex, cubiertos de Idurgo, una barra de pan flácido y un mantel de papel . Desde el momento previo a ser doblado se sentías perdedor en su batalla con el aceite corrosivo de la salsa del pollo, que, era consciente le iba a provocar un crater deshaciendo  sus moléculas.

Un canto a la herrumbre del entramado, a la luz mortecina del interior de las barra, la del laboratorio del Doctor Mengele era más alegre, donde se encastraba un televisor de antenas que retransmitía imágenes los días que el repetidor de OIZ amanecía complaciente. Allí entreví a Argentina campeonar la final del Mundial 78 con Videla en el palco.

Pero, de tener que definirlo en unas sola palabra era una inmensa concentración de grasa. Incrustada en todas partes, en el calefactor trasero del asador, en el mandil de los camareros que se limpiaban en él por el proceso de frote. Alcanzaba todas las superficies, pero era en las mesas de la cervecera donde se percibía mejor, La madera quedaba recubierta por una película de grasa local que, tras su fosilización, levantabas a tiras con una llave o, por decirlo todo a golpe de uña. En esa película se grababan declaraciones de amor del estilo corazón con el nombre de Dulcineas que terminando con el tiempo siendo sapo,, proclamas políticas, que en aquellos tiempos estábamos rodeados, o frases lerdas como Viva Yo.

No hay nada más poderoso que un recuerdo. Las cosas materiales se pierden o se destruyen; los recuerdos no, bañados en oro y guardados en plata, por eso valen tanto.

Es por eso por lo que reivindico el sabor de aquel pollo a modo de última trinchera contra la despersonalización,. Con toda su grasa.

He tardado en entenderlo pero era nuestra desobediencia civil contras el modernismo que avecinaba. El de la ciudad que no llegábamos, el del gen urbano que nos terminaría por avasallar.

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Acerca de Asier Guezuraga Asier Guezuraga Ugalde, nació en Busturia el 9/4/1972. Pasó su juventud en pleno corazón de la Bizkaia profunda, la villa de Gernika, de cuyos recuerdos se nutre este blog. Taurino irredento, hace compatible su odio al fútbol moderno siendo hooligan del Gernika Club, el mejor equipo del mundo hasta que alguien demuestre lo contrario, Juntaletras de novela negra con dos novelas publicadas, apasionado del baloncesto, cocinillas y sobre todas las cosas, muy frikie.
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