Bañándome esta mañana en un Cantábrico desolado me ha llegado la idea.
Cuál sería, de sólo poder utilizar una palabra, la principal característica de mis congéneres de Urdaibai?. El tesón me he respondido.
La clarividencia me ha llegado probablemente por la visión de Castrillo. Jon Castrillo es amigo de niñez de Bermeo. Después de un par de dentelladas que le dio la vida con colmillos de lobo, decidió alistarse en la hermandad de los perros sin dueño.
Y puso su rumbo vital en una enfilación concreta. Bañarse en el mar todas las mañanas en las que no hubiera maremoto.
A cualquier otro humano la pedrada le hubiera durado un par de semanas, pero claro, Castrillo es de Urdaibai, y eso cambía completamente la película. Por eso le encuentras cada vez que bajas a Aritzatxu atornille perenne a la orilla de la cala.
Pienso que Castrillo no es excepción. Mi aita era igual, coríaceo e inmutable en la tenacidad cuando creía en alguien o algo e inflexible en la ofensa. Del mismo material estaban hechos sus amigos, entre ellos el aita de F.L.
Dentro del código genético que he transmitido a mis herederos ha desaparecido la tenacidad. Como el ser taurino o considerar al Gernika el mejor equipo del mundo son flores de otro tiempo.
Una forma moderna de involución degenerativa.