PARHELIO

Como ese ciclista que mira para atrás en la búsqueda de sus perseguidores, sobrepasar la meta volante de la cincuentena extiende el retrovisor activa el contador de recuerdos más de lo que desearías.

Me preguntó cuál, de todos los que he vivido, es el avatar deportivo más gozoso de mi existencia. No tardó en contestarme a mi mismo, el primer ascenso del Gernika a la entonces Segunda División B. Grupo de cuatro, compartiendo con el Racing B, Chantrea, el todopoderoso Huesca. Eran tiempos de cruces con los cuatro grupos de tercera limítrofes.

La Epifanía en el doble emparejamiento final con el Huesca fue el desplazamiento al partido de ida en El Alcoraz. Tres autobuses completados por el personal del poblado y trillones de kilopondios de ilusión desplazándose cuatrocientos kilómetros de ida y otros cuatrocientos de vuelta en una misma jornada.

Recuerdo a muchos que ya no están, entre ellos Xabi Torombolo. Y lo que disfrute cada uno de los segundos de aquel día. Preñados de esa ingenuidad adolescente en la que el gregarismo te infunde una sensación de plenitud incomparable. Ese sentimiento pandillero, que nos hacia formar parte orgullosa de un organismo compacto y en marcha que daba sentido a nuestros días. En aquel momento, paseando por aquella capital aragonesa vestidos de blanquinegro, se nos instalaba automáticamente en un sentimiento de pueblo elegido, de nación, de religión. Y eso que estábamos jugando por subir a una Segunda B contra un equipo que llevaba treinta años naufragando, de la forma especial en la que naufragan los equipos de capitales pequeñas de provincia.

Viendo el mundo desde el Olimpo, sin ni siquiera imaginarme que tres décadas después visitaría la ciudad del Monte Olimpo al lado de mis hijos para ganar el primer título europeo de la historia del otro equipo blanquinegro de mi corazón.

Y eso que no sabia entonces qué cosas son las que realmente importan en la vida. Esos instantes que, solo con el paso de los años, se quedan congelados en la memoria para brillar como las estrellas muertas que se niegan a ser olvidadas.

Lo que sentí en Huesca no lo descubrí hasta que vi la nieve relucir en el Olimpo. Ese fenómeno luminoso que consiste en la aparición simultánea de varias imágenes del sol reflejadas en las nubes sobre el  halo de la felicidad.

Mi particular parhelio.

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Acerca de Asier Guezuraga Asier Guezuraga Ugalde, nació en Busturia el 9/4/1972. Pasó su juventud en pleno corazón de la Bizkaia profunda, la villa de Gernika, de cuyos recuerdos se nutre este blog. Taurino irredento, hace compatible su odio al fútbol moderno siendo hooligan del Gernika Club, el mejor equipo del mundo hasta que alguien demuestre lo contrario, Juntaletras de novela negra con dos novelas publicadas, apasionado del baloncesto, cocinillas y sobre todas las cosas, muy frikie.
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