Con aquello de la salvación un mes antes de finalizar la temporada me levanto con la cabeza limpia. Tanto, como para concentrarme (al estilo del mindfunless) en la trompeta de Santiago Ulises Montero en ese primigenio Esclavo de tus Pies de Gabinete Caligary.
Levitación en la que sólo puedes imbuirte en ese momento en el que te encapsulas al margen de los problemas y preocupaciones domésticas, acuñas el desinterés por las estridencias de la política los compromisos ideológicos con oenegés, animales maltratados o el calentamiento del planeta. En esa distopía en la que ves el mundo como un lugar donde disfrutar y embriagarse sin preocuparse demasiado de los demás.
La alineación me alcanza hasta que leo la noticia. Boicot de unos grupos a los festivales musicales veraniegos en los que estaban programados porque el fondo inversor del evento supura el vil metal de los hebreos. Me han jodido mi éxtasis al activarme el pensamiento, Mi psiquis brinca del acorde de Uli a la última invocación de la libertad de expresión que me han espetado.
La historia es la siguiente, una agrupación a la que pertenezco cede un inmueble de su propiedad a una organización que defiende un credo minoritario sobre la transexualidad. Reacciona el moralmente zaherido exigiendo coléricamente que se le rescinda el arrendamiento temporal de espacio por que las ideas que van a referirse (intuidas entiendo por arte adivinatorio) conculcarán la libertad de expresión.
Las apropiación indebida de los principios es otra de las grandes facecias de la sociedad moderna. Tienes que zamparte mis ideas en virtud de la misma libertad de expresión por la que yo me puedo oponer a que expongas las tuyas. Pasa con la solidaridad y la presunción de inocencia, que sólo se conjugan cuando el beneficiario es uno mismo.
O invocar para ejercer un legitimo derecho de comparecer o no en un espectáculo el que el dinero que sustenta el mismo sea de origen malsano.
Como si el dinero no fuera apatrida.
Les recomendaría leer a Chaves Nogales. En El Maestro Juan Martínez que estuvo allí cuenta como en la revolución rusa, daba igual quien tomará la ciudad en la última escaramuza. Siempre se daba una constante. Los judíos mantenían su negocio prestamista.
En definitiva, facecias.