Analizo la actualidad y la mente, en un arabesco, me devuelve un paralelismo.
La evolución del Podemos surgido del 15 de mayo de 2000 con la del cartel maldito de la Historia del Toreo. Paquirri, El Yiyo y El Soto encartelados en Pozoblanco un 26 de septiembre de 1984 para lidiar un encierro de Sayalero y Bandrés. Paquirri expiró aquella tarde en el Hospital Militar de Córdoba corneado por Avispado, El Yiyo con el corazón cercenado en Colmenar Viejo por Burlero y Soro encadenando un rosario de lesiones, ortopedias y cicatrices vitales. Por si fuera poco, a Bandrés, uno de los ganaderos, le apiolaron en una balacera en la naviera de su propiedad. Manto de silencio.
Muchas veces he escrito que el mayor episodio de frescura e innovación política que he vivido, la transición me pilló pipiolo y en el poblado donde a lo sumo te zampabas un casette de Imanol, fue la que registraron las calles del país en rededor de aquel 15M. No hablo de aquello en lo que transmuto ni sus estertores, pero, en su genesis, el mensaje era nuevo, calaba y, sobre todo, removía conciencias y el orden establecido. Y ya se sabe que la disrupción resulta siempre fértil y creativa.
Así que las concomitancias salen catapultadas. Veo a Errejon con la cornada severa de la doble moral, en el hule de la política y capturado por un sainete de juicio imposible de controlar. A Monedero, tildado de empotrador de voluntades ajenas, empotrado a su vez hacia el limbo de los juicios paralelos. Ambos en el cielo de los toreros de lustre. Y a Pablo Iglesias, que tuvo un día el país en su mano, con la pierna biónica de El Soro, tocando la trompeta del de Foios en un Bar de Lavapiés.
Comoquiera que disto mucho de aquellos que disfrutan y se recrean en el mal ajeno, me parece un sentimiento inane y estúpido, como el de de todos que invierten su vida en defender la abolición de artes, lenguas o países, el espectáculo me resulta indigesto. Realmente, me hubiera gustado que aquellos tres tipos, con la fortaleza e ingenuidad que les daba el conocimiento de la juventud, en el caso de Rejón e Iglesias, y de su carácter en el caso de Monedero hubieran agitado la política con más metraje que el animador de un resort hotelero.
Pero me quedo en que cayeron en una contradicción eterna de los partidos de izquierda. Meter la cabeza en la boca de un león que los devora, porque nadie es capaz de sostener esa moralidad impostada de representantes del puritanismo.
Por lo menos, los taurinos tenemos nuestro método de sedación de la maldición. Quemar la cabeza y extinguir la familia. Que es un camelo para crédulos como otro cualquiera, pero que el día que no se usa el placebo, como ocurrió con Avispado mira la que se monta.