Chica9 no conoce el invierno de pueblo. Esas tardes en las que llueve de lado, las calles se quedan desiertas y la murria hace denso el aire. Los lugareños, al modo del oso que inverna se recogen en su casa como si hubiera anochecido, Bebiendo, comiendo y trajinando, las tres cosas que mejor se hacen en la Bizkaia profunda.
La puntilla ha venido al entrar en el primer bar que hemos encontrado abierto. Estación impuesta por mi inveterada adicción al café. Se le advertía por un luminoso de marca de cerveza que ya era viejo cuando anunciaron a Andrés El CIempiés como mascota de lo que ahora llaman con petulancia moderna La Roja. Solo clientes varones, tan habituales que les podían haber amortizado con el coeficiente creciente que se utiliza para el mobiliario usado. Y la tele a un volumen que opacaba cualquier tipo de conversación.Al fin y al cabo, han pasado tanto tiempo juntos que está todo contado.
Se nota que donde ella creció, las niñas se vestían en Bambino con gabardina de charol y aquellas katiuscas impermeables de caña alta. Y pertrechada así, como tampoco había barro, hierba ni descampados y las farolas alumbraban cada rincón. Si tenian frio sus aitas les llevaban al Chacalá de Hurtado de Amezaga a tomar un chocolate con churros. Era fácil que no te perforara la piel la crudeza de los inviernos.
En aquel Bilbao que era un parque temático de la grisura racionalista, brillaban con luz propia los billares del King Ball de Pozas o el Salón el Automático de Concha, que tenían quinquis 4.0 con respecto a los del poblado, Ya se sabe que el quinqui necesita para germinar un ecosistema de hambre, mono y chabola, y quitando los picotazos de la heroína en los ochenta, no tuvimos ninguno de los tres. En Gernika eran medio ramillete de chavales corajudos que deambulaban por un trasunto de sala de juegos, el Jolastoki Maguna, con chaqueta curra, tejano culiprieto y campanudo de bajos que no habían conocido jamas ni siquiera la víspera de la necesidad que se gastaba en otros lares.
En la capital podían sentarse en en el Ugari de Henao, con sus sandwiches o platos combinados o en la barra del Florida a tomar una hamburguesa,, Y el Salchicsauto aparcaba a sus anchas por las calles del centro, mientras que en el poblado no pasábamos del bocata de tortilla o lomo. Vestían en la tienda Ford o Lemon, templo de vaqueros etiqueta roja y zapatillas John Smith. Nosotros solo olíamos los Levi,s cuando algún marino los traía tras su campaña. Había grandes almacenes, Corte Ingles, Galerías Preciados, Guijarro y Simago. Discotecas de jóvenes como el Yoko-Lennons, pista de Nogaro en Artxanda cuando nosotros íbamos con plásticos a Lunada y Parque de Atracciones que solo pisábamos en la excursión de fin de curso para helarnos en la piscina.
Tenían cientos de cines con películas de estreno, Tiburón, que para cuando llegaba al Cine Liceo se había quedado sin dientes. En el poblado, ademas de este, el Cine Social, que como era parroquial vedaba cualquier tipo de modernidad en el celuloide.
Normal que no entienda el invierno de pueblo.
Qué vida mas perra pensará.
Cuando yo no se la cambió.