SARRACINA

Confieso que me estoy empezando a preocupar. Lo que percibo a mi alrededor es una sarracina de cualquier tipo de reflexión, del más mínimo desarrollo en la formación de ideas.

Se levantan arquetipos como verdades absolutas y nadie hace ni el más mínimo esfuerzo de cata. Por ejemplo, con la República, que representa el único sistema de gobierno admisible si quienes que te abran las puertas de la modernidad progre y no puedan considerarte la criatura mas maléfica que puede existir en la actualidad, un “facha”. Que cotiza tan bajo como lo hace el kilogramo de sátrapa.

De la República me quedo con la combinación de colores de la bandera, la inclusión del color morado le hace ganar y mucho, y con que, bajo cualquier análisis lógico (sin recurrir siquiera a lo democrático), arrasa ante el resto de alternativas que son la elección digital basada en razones de sangre o el estruendo de la asonada.

Pero como cultivo el gran defecto de leer (a mi compadre IA le espeta su mujer un lacónico, “no se para qué te vale tanto libro si al final te termina causando dolor”), el bagaje republicano me deja amoscado.

En primer lugar, acudo a la RAE, y la sexta acepción del termino lo define como “Lugar donde reina el desorden”. Y lo vinculo con lo que decía mi Amuma, socialista de raigambre, que, cuando se refería a la segunda, concluía que había sido un caos fruto de la desunión de quienes debieron de estar unidos.

Y qué decir de la primera, en veintidós meses cuatro presidentes, alguno de los cuales no duró ni lo de una cuarentena para terminar restaurando al pérfido Borbón, (el Alfonso XII al que hizo bueno su póstumo).

El republicano vocinglero pasa de todo esto. No hace política, hace moral y ha hecho,  un credo del amor a un sistema al que venera con encomio acrítico. Como si fuera una religión en su sentido más ñoño: si criticas el despitorre de la segunda y el cainismo de los partidos republicanos, se enfurruña, te anatematiza y te envía a arder en las llamas del infierno. Son unos auténticos pelmazos, como todo espíritu religioso que se nombra a sí mismo albacea de una verdad divina.

Ni se preocupa por defender los argumentos con las razones de verdadero peso que le soportan. Por ejemplo, la política educativa de la segunda que llevo la enseñanza hasta los entornos rurales (con las Misiones Pedagógicas o las Escuelas de Barriada) discurriendo por el envés de la entronización de unos maestros a los que se demonizaría después (en lo peor de los primeros años del franquismo).

O ese esfuerzo por a lucha enconada por dignificación de la mujer que, en aquellos tiempos, accedió por primera vez al Congreso por medio de Victoria Kent, Clara Campoamor y Margarita Nelken. Trio al que no pudo acompañar Hildegart Rodríguez (de la que he leído tanto que algún día le dedicaré un post); al terminar apiolada por su madre cuando la creación tomase vida propia.

Todo da igual. Se trata de ni escuchar ni fundamentar.

Lo dicho, una sarracina.


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Acerca de Asier Guezuraga Asier Guezuraga Ugalde, nació en Busturia el 9/4/1972. Pasó su juventud en pleno corazón de la Bizkaia profunda, la villa de Gernika, de cuyos recuerdos se nutre este blog. Taurino irredento, hace compatible su odio al fútbol moderno siendo hooligan del Gernika Club, el mejor equipo del mundo hasta que alguien demuestre lo contrario, Juntaletras de novela negra con dos novelas publicadas, apasionado del baloncesto, cocinillas y sobre todas las cosas, muy frikie.
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