BADÉN-BADEN

Hay cosas, las malas para que no te afecten el juicio, y las buenas para que no se gafen al celebrarlas, de las que sólo puede hablarse a toro pasado.

Llevábamos una semana bajo un cielo crepuscular. De esos de tono cobrizo que temes te caiga encima. Parecido al de la película de Mad Max, con la diferencia de que no andábamos por el desierto sino por el asfalto bilbaíno.

El lugar de amanecida condiciona tus constantes vitales y modela tu cuerpo para estar más preparado para unas condiciones u otras. En mis primeras visitas a Canarias me percaté lo que les costaba conducir bajo la lluvia. Lo mismo ocurre en otras ciudades de España, que la gente no sabe pilotar con paraguas y se va chocando con fachadas, altillos y otros viandantes. Algo de lo que en Euskadi hay verdaderos especialistas, que pueden hacer un slalom como en una bajada alpina

Es la falta de la costumbre, la que te hace zozobrar. Y de la mano de esta falta de costumbre llegamos a la falta de equipamiento. Un gadget de obligada instalación en una casa de Sevilla como es el aire acondicionado, brilla por su ausencia en Bilbao. Para tres putos días que lo pones al año, se dice.

Hasta que te atrapa un viacrucis como el de la pasada semana, en el que si un día hacía calor, al otro mas, y te hunde en una modorra a la que no eres capaz de encontrar la gatera. Con una humedad propia de los cayos, la villa vacía de lugareños y preñada de turistas, y el hijouta del mosquito que se ha atrincherado en tu habitación por las noches, los terrenos se te van estrechando.

Soy proselitista de aquel ministro de Franco, al que el Madrid veraniego, sin estar rodeado de familia, pelmas, sábados de compras masivas de los de los pueblos, y otras especies que brotan en el invierno e hibernan en la canícula, le parecía Baden-Baden, esa reserva de la Belle Epoque y el relax.

Cada vez que soltaba esa frase Chica9 se enervaba y me contestaba que lo que es Baden-Baden es no trabajar, que te de la brisa del mar en la cara, y pasear al anochecer pensando si la mañana siguiente te pones o no bermudas.

Una vez más tenia razón (por lo menos la pasada semana)


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Acerca de Asier Guezuraga Asier Guezuraga Ugalde, nació en Busturia el 9/4/1972. Pasó su juventud en pleno corazón de la Bizkaia profunda, la villa de Gernika, de cuyos recuerdos se nutre este blog. Taurino irredento, hace compatible su odio al fútbol moderno siendo hooligan del Gernika Club, el mejor equipo del mundo hasta que alguien demuestre lo contrario, Juntaletras de novela negra con dos novelas publicadas, apasionado del baloncesto, cocinillas y sobre todas las cosas, muy frikie.
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