CRETONA

Las vacaciones son exactamente para contradecir todo aquello que conviertes en dogma cuando estás de servicio. Por ejemplo, afeitarte, despertarte al alba o soportar a cretinos. Y no hay una concatenación de días en los que más se pare el mundo que en los festivos encadenados de Semana Santa.

Resulta curioso que, en una sociedad anticlerical y teóricamente laica, se mantenga en pie una fiesta intrínsecamente católica, que permanece como vestigio de la cultura con la que nacimos. Al estilo de quien visita las ruinas del Partenón como forma de ahondar en los secretos de la griega.

Lo único que es innegociable para mí es pensar, porque, aun en Semana Santa, sigo pensando con la única diferencia de que, de corrido pienso con el acelerador pisado a fondo, pimponeando problemas y soluciones. Eso si, cuando cuelgo la chapa, puedo recrearme en el pensamiento con mas ahínco  ya que, como dice el proverbio, los inhibidores del pensamiento no comparecen en una ciudad de provincias durante la siesta de Viernes Santo.

Y así, pienso que estos días de ser una imposición clerical que utilizó el nacionalcatolicismo para marcar músculo y acallar rebeldías se una convertido en una convención utilitarista. Un commodity que te sirve de comodín logístico en estos tiempo aperreados, como pueden los moscosos de los funcionarios o la semana blanca para los alumnos el Colegio Frances.

Como si repartiesen a todos un Miko Premio en el palo del polo,que pudieras invertir en volver al pueblo (aquellos que lo tengan), jugártelo todo al rojo con la tipa del Tinder con la que llevas medio año intercambiando mensajes leporinos, montar el armario que compraste en IKEA, visitar a tus primos de Briviesca o procesionar.

Todo cabe, como diversas son las personas. Cada una, teje extraños caminos en el tapiz de su historia, que nunca es única e individual, pues todos se entrelaza. Unas veces formando nudos y otras cuadrados o triángulos perfectos. Los colores también cambian. Rojos sangre, verdes esperanza, azules cielo, marrones, grises cotidianos o negros como los cojomes de un grillo.

Lo que te da la Semana Santa es la posibilidad de correr la cortina de gruesa cretona del pasillo de tu vida y asomarte a aquello para lo que nunca sacas tiempo. Por ser el tiempo esa bala que tanto escasea en el tambor de tu pistola.

Te lo regala la muerte de Cristo, al que subieron al Golgota para regalarte libertad en forma de Miko Lápiz. De ti depende agradecerle el sacrificio.

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Acerca de Asier Guezuraga Asier Guezuraga Ugalde, nació en Busturia el 9/4/1972. Pasó su juventud en pleno corazón de la Bizkaia profunda, la villa de Gernika, de cuyos recuerdos se nutre este blog. Taurino irredento, hace compatible su odio al fútbol moderno siendo hooligan del Gernika Club, el mejor equipo del mundo hasta que alguien demuestre lo contrario, Juntaletras de novela negra con dos novelas publicadas, apasionado del baloncesto, cocinillas y sobre todas las cosas, muy frikie.
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