SURCOS

Al igual que en las ciudades grandes como Madrid, no son una, sino varias (muchos Madrides, cada uno con sus caras), ocurre más menos lo mismo con las vidas. Esas que empiezan en el momento en el que, abandonas la infancia ese día en el que te malicias de una forma irrecuperable.

Suele coincidir con esa frontera invisible a partir de la que vas coleccionando obligaciones (llámese hipoteca, trabajo, hijos,...) y como si fueras un árbol de hoja caduca se te van cayendo derechos y protecciones.

Cuando aterrizas en este nuevo estado, piensas quie todo corre muy deprisa y si no exprimes la vida con fruición, se re escapara de las manos. La ansiedad de la respuesta a lo desconocido (el peso de la púrpura como diría mi añorado JM) segrega una bilis de fracaso vital que, con mal agüero, intuyes no se separará de ti.

Eso es porque los efluvios juveniles impiden a tu vista traspasar el espejo, ese en el que sale el tipo al que se le cuela la existencia por el sumidero. Detrás recibirás que en la cara B del disco y de la vida. Hay varios surcos y no sólo en el que te crees atorado.

Y no digo que los que te esperan sean mejores o peores, (es como los toros de Saltillo que igual te sale del chiquero un Cazarratas que un guirlache), pero ten seguridad de que hay sobrado espacio para el desquite.

En la medida en la que llega el temple de los años, vas desprecintando nuevas sensaciones, te embarcan en proyectos quimericos, y, poco a poco, vas ilusionandote de nuevo. Con los muertos de cada etapa clausurada colgados de las perchas del armario vital que de vez en cuando salen de paseo como las vírgenes de los pueblos en la romería anual.

Y poco a poco aquello que antaño te parecía montaña irnabordable, va perdiendo volumen y hondura. Porque con el paso de un surco a otro aprendes a relativizar. Y te das cuenta que de lo poco que te trasciende en la vida es lo afectivo. Que todo lo profesional, crematístico y corporal es arenisca que se lleva la corriente.

La línea argumental del maestro Krahe

Gracias a mi tozuda decisión existencial

No cabe entre mis planes dar ningún salto mortal:

No gozará las honras funerales mi alma en pena,

No vendrán los gusanos a tirar de la cadena.



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Acerca de Asier Guezuraga Asier Guezuraga Ugalde, nació en Busturia el 9/4/1972. Pasó su juventud en pleno corazón de la Bizkaia profunda, la villa de Gernika, de cuyos recuerdos se nutre este blog. Taurino irredento, hace compatible su odio al fútbol moderno siendo hooligan del Gernika Club, el mejor equipo del mundo hasta que alguien demuestre lo contrario, Juntaletras de novela negra con dos novelas publicadas, apasionado del baloncesto, cocinillas y sobre todas las cosas, muy frikie.
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