SUPERPODERES

Cada vez que vuelvo al poblado e intercambio media docena de palabras con uno de ellos, lo reconfirmo. Aquellos que formaban parte de tu “Clase” siguen exactamente, tal y como los recordabas. Puede que hayan engordado, adelgazado, cambien de vestimenta, sexo, religion, o hayan cultivado sus biceps con la ultima oferta de la cadena Basic Fit, pero si les mondas la piel, la pulpa es la misma que gastaban de críos.

Toca, a modo de preludio, decir que Clase, solo hay una. Es esa con la que echaste los dientes en EGB, y cuya alineación (como la de los equipos míticos de fútbol que se recita de carrerilla), se mantuvo inalterable hasta alcanzar el bachiller. Esa en la que tenias asignado un numero que mantenías inalterable, a salvo del advenimiento de un repetidor o la fuga de algún secuaz por traslado laboral de su padre. La misma de la que recuerdas nombre y dos apellidos de sus veintiocho miembros por ser repetidos hasta la saciedad cuando el profesorado pasaba lista. Porque, en aquellos tiempos de rigor y nacionalcatolicismo se pasaba lista para todo.

En aquellas clases había especímenes perfectamente definidos. En todas, por una conexión astral, había un empollón aborrecible, un Sportbilly que era bueno en todos los deportes, un gordo al que la ropa le lucia el doble que a los demás, un homosexual que no se atrevía a mostrarse como era (no eran tiempos propicios), un abusón al que seguían una cohorte de compinches y un pirado de las maquinistas y la neoinfiormática, al que en en poblado llamábamos Maquinomio.

Todos hemos conocido a un Maquinomio durante nuestra infancia. Ese niño pequeño, con la cara llena de granos e introvertido, incapaz de encajar en algún grupo. No pertenecía a ninguna pandilla definida, un canto a la individualidad y a la incomprensión. Quizá por eso construía una especie de fachada hacia el exterior consistente en un vestuario extravagante y una pose de intelectual de andar por casa en plenos ochenta. Lo atraías hacia ti cuando no sabías instalar el Spectrum que te habían regalado en navidades o cuando el ultimo juego no te cargaba desde el radio cassette al que le tenias conectado con aquellos cables.

Tenia un talento sectorial, muy propio de aquellas épocas en las que conocí, a tantos y tantos con talento desperdiciado. Otra forma de calificarlo podría ser que destilaban superpoderes, por mucho que no hayan sido capaces de ponerlos en valor a lo largo de su ya cincuentona vida. A poca memoria que haga, tengo registrados en mi memoria habilidades de tipos que abrían candados pitón con la mirada, que sacaban en el petaco la bola con un golpe de muñeca cuando se colaba por el frontal, que se curraban un garbanzoka que hubiera firmado un ingeniero de la NASA o que construían con una bicicleta y una dinamo una motocicleta de gran cilindrada.

Superpoderes surgidos de la escasez, la necesidad y una imaginación desbordante.

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Acerca de Asier Guezuraga Asier Guezuraga Ugalde, nació en Busturia el 9/4/1972. Pasó su juventud en pleno corazón de la Bizkaia profunda, la villa de Gernika, de cuyos recuerdos se nutre este blog. Taurino irredento, hace compatible su odio al fútbol moderno siendo hooligan del Gernika Club, el mejor equipo del mundo hasta que alguien demuestre lo contrario, Juntaletras de novela negra con dos novelas publicadas, apasionado del baloncesto, cocinillas y sobre todas las cosas, muy frikie.
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