LADUCHE

Entre la humedad de la lluvia se nos escurrió su muerte. El azkaindarra desapareció en silencio, a contraestilo con su apuesta existencial, que no era si no un constante canto a la vida.

No soy quien para analizar sus virtudes en el frontón. Pero si la sensación luminosa que generaba a un niño de la Bizkaia profunda, que iba los sábados de invierno al Frontón Artza de la mano de mi aitxitxe. Porque Bermeo era frontón de temporada.

Si cierro los ojos, la primera palabra que me brota es remate, y si tengo que ampliar, gancho de izquierda desde la pura entraña. Conocíamos rematadores, incluso virtuosos como ese Clemente Panaderito de Oyon y su atxiki que tanto enfurecia a la cátedra.Si bien,  ese repertorio trinketista de repentinismo cortando de aire asombró a propios y extraños.

Por novedoso, por fresco, por suponer una aceleración en el ritmo del juego que disparaba también el diapasón del corazón. No podías pestañear o te lo pierdas. Y esa víspera del tanto mágico, de la dejada al ancho que disparaba la generación de endorfinas, las que alimentan la adrenalina.

Supo explotar ese gen. Incluso, con el paso de ese tiempo que todo lo amolda, creo que fue uno de los pioneros del uso del marketing en la pelota. Primero, cuando en los últimos setenta retaba a los delanteros de Hegoade. En tiempos en los que un francés era un francés de verdad, de los de los chístes. Trinkete contra frontón, gresca de paisanaje. Da igual qué ocurriese en el desafío, había ganado en popularidad y en el siguiente festival al estelar con el graderío repleto.

Hay que pensar que eran tiempos de grisura en la pelota. De finales del manomanista el domingo por la mañana en la tele nacional (la única que había). Precedidos del Ángelus y con sacerdote bendiciendo a los pelotaris en la contracancha.  De camiseta de color oscuro para distinguir a los contendientes, ya que el garriko no disociaba tonalidades. Eran tiempos de blanco y negro en las 625 líneas.

Pampi nunca las disputó, era carne de parejas, lo suyo era definir el tanto con brillo, amerizar elogios, no zafarse, ni andar para atrás en busca de la buena. Como hacer los menesteroso, ejerciendo de recaderos de una pelota que han visto pasar por encima de su cabeza,

Dejó escuela, en forma de alumnos avezados, Pablito Berasaluce o Titín III. Especialistas en ejecutar árabescos en el aire. En esculpir a un centímetro de la chapa el arte de lo imposible.

Me acuerdo de los partidos contra Retégi II. Su antítesis física, una fuerza de la naturaleza. Traca rematadora de ambos hasta llegar a la decena en el tablón. Igualdad hasta que Laduche, salvo que su zaguero mandase, se desfondaba. Por lo menos en Bermeo.

Batalla campal del artista contra el corajudo mandón. Y en esa batalla de David contra Goliat, el pueblo se ponía de lado del de Iparralde, siempre un caballero.

Porque si algo le caracterizaba era su bonhomía. El mundo de la pelota le admiraba. Además, una vez se alejó del frontis, redondeó figura lo que le dotó de esa placidez anatómica que reflectan los orondos hacia lo demás.

Le veías entre el público y te alegrabas, con su euskera embarcado de erres te capturaba y ya cuando cantaba en una cena, te imantaba para siempre.

Y así se fue, cantando. En el frontis y en la vida.

Gozan Bego Pampi, de uno que te admiró cuando fue niño.


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Acerca de Asier Guezuraga Asier Guezuraga Ugalde, nació en Busturia el 9/4/1972. Pasó su juventud en pleno corazón de la Bizkaia profunda, la villa de Gernika, de cuyos recuerdos se nutre este blog. Taurino irredento, hace compatible su odio al fútbol moderno siendo hooligan del Gernika Club, el mejor equipo del mundo hasta que alguien demuestre lo contrario, Juntaletras de novela negra con dos novelas publicadas, apasionado del baloncesto, cocinillas y sobre todas las cosas, muy frikie.
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