LETRADOS (Y II)

- El Sindicalista (EPE o En Peligro de Extinción). Eran abogados vinculados antaño a un sindicato, lo que les granjeaba una recurrencia de asuntos del mismo pelaje. Sociedades Laborales o Cooperativas surgidas tras la huida o el destierro del empresario, en donde los currelas, sin más motivación que la propia subsistencia, se convertían en empresarios locales jugándose su paro. Este espécimen estaba dotado de una modalidad de labia de casta que le hacia conectar con la tropa y erigirse en líder del proyecto, lo que es vis de la que carece mucha de la profesión. No solían ser eruditos jurÍdicos, ni puta falta que hacia, porque lo suplían con buena dosis de repentinismo y rapidez. Hicieron dinero.

- El Abogado de Calle. (EPE o en camino de estarlo). No se sabia muy bien si tenia despacho y, de tenerlo, no lo hubiera necesitado. Vivía en la calle, más concretamente en los bares y restaurantes, (lo que en los ochenta se llamaba alternar) de donde recolectaba clientes, (del pelo), pero sobre todo información y conocidos. Eran creyentes de que la profesión es eso. Sembrar relaciones de mutua utilidad porque una buena agenda es el mejor amigo del hombre. Y a eso empeñaban su actividad,  suplir a golpe, de llamada, contacto, comida o cacharro el déficit de recursos (el último libro jurídico que compraron fue el Código Civil de Civitas en tercero de carrera)

- El Coincienzudo. En un mundo en el que solo tienes de aliado la recurrencia por la que un asunto tiene trazas de otro/s que has llevado, es clave tener claro el equilibrio entre tiempo invertido y retorno. A este espécimen le cuesta un quinario enfrentarse a asuntos nuevos porque se paraliza si no se ve embebido de un conocimiento mayor del que los invento. Así que, compra manuales especializados, accede a mil paginas de internet, lee jurisprudencia hasta el Tribunal de las Aguas de Valencia hasta que termina bucleando por completo. Al final esta tan empachado del asunto que pierde objetividad. Es lo que tiene el no decidir.

- El Plazos. De tanto vivir a golpe de vencimientos y términos le ha terminado cogiendo gustillo al asunto y deja todo para el final porque se le dispara la adrenalina del jugador. Ha acuñado para si mismo (lo que es merecedor de tratamiento sicológico urgente) que se crece y saca lo mejor cuando anda trufado de presión y con la cuenta atrás del reloj. Se vanagloria de aquella noche en la que termino al alba de redactar aquella demanda que terminó ganando  con costas y recibir la víspera de caducidad en materia contenciosa le provoca orgasmos. Suelen ser tipos con estres disparado que en el colegio eran los que vendían los apuntes y en el equipo de fútbol los oportunistas que solo daban una carrera si podían conseguir algo.

- El Erudito. Suele haber uno por ciudad y área jurídica. Seres grises, con ánimo plúmbeo y menos tension arterial que un llavero del Naranjito. Como carecen de la vis comercial que tuvo el inventor del Esperanto, son ratas de biblioteca que se convierten en especialistas, a base de estudio prolongado,  de los intríngulis de una materia. Ineptos en aquello de saber decir que no, y al ser su vida social del todo reducida, acceden de buen grado a los sablazos que les largan desde la profesión buscando atajar en el conocimiento sin necesidad de invertir esfuerzo. Son generadores de valor, el problema es que el que lo cobra no son ellos sino al que se lo regalan..

- El Sonrisas. Acostumbran a ser tipos preñados de galanura y con percha envidiable que saben valorarizar con trajes de marca. Normalmente adscritos a despachos de renombre, de los de a mil euros la pisada en moqueta mullida, tiran de impronta e irresistible sonrisa para compensar un binomio conocimiento-trabajo que deja mucho que desear. Como ocurre con la bohemia, envejecen mal. Y suelen ser los últimos en percatarse de que han perdido el duende.

- El Pleitos. Tipos que arrojaron junto con la máquina de escribir la baliza moral a la papelera de reciclaje. A diferencia del Erudito busca un binomio trabajo/rendimiento exponencial. Se limitan a irrumpir en vidas ajenas con cara de dolar a golpe de burofax o demanda, amenazando con las penas del infierno. Es fácil conocerlos porque, invariablemente, utilizan la referencia a los daños morales para construir una indemnización pantagrüelica y porque los escritos que mandan son un corta y pega, de escuálido peso jurídico y plagados amenazas de malo serie B e invocaciones falsasrias a normas y jurisprudencia. Suelen ser jugadores de primer tiempo, y a poco que alargues el proceso, se les acostumbra a ver las costuras.

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Acerca de Asier Guezuraga Asier Guezuraga Ugalde, nació en Busturia el 9/4/1972. Pasó su juventud en pleno corazón de la Bizkaia profunda, la villa de Gernika, de cuyos recuerdos se nutre este blog. Taurino irredento, hace compatible su odio al fútbol moderno siendo hooligan del Gernika Club, el mejor equipo del mundo hasta que alguien demuestre lo contrario, Juntaletras de novela negra con dos novelas publicadas, apasionado del baloncesto, cocinillas y sobre todas las cosas, muy frikie.
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