EL GOLPE

Era lunes. Y hacia frío en Gernika. Mi tío entró en casa soltando improperios contra Tejero, el de la Operación Galaxia, aullaba. Aun con los ojos de un crío de diez años de la Bizkaia profunda se respiraba la tensa densidad que dela el recuerdo de los cadáveres metidos en el armario. Esos que no se olvidan y vuelven en tu busca. Entonces no lo sabía. En cuanto me desvirgó el mundo de los mayores no tarde en descubrirlo.

En Radio Nacional sonaban marchas militares. Siempre me ha parecido que insuflan una marcialidad de opereta, que están dotadas de una grandilocuencia que ya estaba pasada de moda un siglo en el siglo pasado. Más o menos, como cuando veo cantar los himnos de su país a los jugadores de selecciones sudamericanas con la diestra en el corazón. Las letras emulan hazañas bélicas que a mi me resultan absolutamente ajenas.

Pusimos la tele. En el único canal que emitlia de continuo, carta ajuste con el mismo soniquete. Caras de preocupación. Todo indicaba que volverían a imponerse los uniformes. Esos que, también después, he concluido sólo les quedan bien a los curas y los militares orgullosos de serlo.

Mi tío vaticinaba que, a aquellas horas, la autopista dirección Francia, estaría llena de tipos acojonado. Para darles el paseo, insistía. Reminiscencias de una guerra todavia candentes. Era un tipo disfruton, exacerbado, con un final injustamente prematuro, y al que, extrañamente para un vasco, le gustaba bailar.

Llegó mi aita. Quizás fuera por lo que había tenido que arrear tras una infancia dura y una juventud que le robó la necesidad, pero no parecía excesivamente preocupado. Cenó y se fue a la cama. Al día siguiente había que laborar, los bancos abrirían. Ya fuera para sacar los que se iban o para meter los que se quedaban.

Mi ama y yo nos quedamos esperando el desenlace. O por lo menos, por donde se iba desanudando. Recuerdo que dieron una película de un lechero boxeador. Risas para combatir el miedo. A cada rato entendíamos la radio. En la SER Jose Maria García demostraba su raza periodística para narrarlo, igual que había contado los penaltis de la final de Copa entre Athletic y Beis. A pie de campo.

Apareció finalmente el Rey. Ahora el cazaelefantes. Entonces el bastión de la democracia. Por lo menos eso contaron entonces. Guerrera caqui, más medallas que la delegación olímpica. Imagino importaría atrezzo miltarioide por pertenecer a aquellos que se trataba de convencer.

Parecía que se desvanecia, aunque no las teníamos todas con nosotros. El día siguiente, nuestra tutora de tercero, de nombre María, pelo lacio, gafas, y que no gastaba demasiada gracia, nos informó que ya habían liberado a los Diputados. Sin tener muy claro el porqué aplaudimos. Me imagino que más por intuicion que por otra cosa. No era complicado. El tricornio, el discrso casposo y los cetmes no han contado jamás demasiadas adhesiones.

Luego se inventó un juego infantil sobre el 23F en el que se hacía embaular las culpas a aquel señor de guerrera caquí que fue presentado como Salvador. Llegaron las penas y te amoscabas. Como a alguien tan malo podían castigar tan poco. Todo el mundo echaba la culpa a un tal Armada y ese Armada se quejaba de una conspiración en su contra cuando era el que habia parado el golpe.

Quizás por ser mi primera reflexión adulta, me he interesado, y creo haber leído casi todo lo que se ha escrito del golpe. Por lo menos, todas las biografías publicadas de los que participaron. García Carrés incluido. Y he sacado una conclusión, o mejor dos. Que nadie fue ajeno totalmente al golpe que se gestó como sainete coral sin una cabeza pensante y que fue exactamente Tejero quien ahorro metraje al problema. Por sus principios. Al no dejar a Armada imponer aquel pastiche de gobierno de concentración que quería imponer. No nos gustara. Pero así fue. Por lo menos para mí.

Etiquetas
Compartir
Acerca de Asier Guezuraga Asier Guezuraga Ugalde, nació en Busturia el 9/4/1972. Pasó su juventud en pleno corazón de la Bizkaia profunda, la villa de Gernika, de cuyos recuerdos se nutre este blog. Taurino irredento, hace compatible su odio al fútbol moderno siendo hooligan del Gernika Club, el mejor equipo del mundo hasta que alguien demuestre lo contrario, Juntaletras de novela negra con dos novelas publicadas, apasionado del baloncesto, cocinillas y sobre todas las cosas, muy frikie.
Posts relacionados
BEBÉ A BORDO
DIVORCOVID
HOTEL GLAMOUR