ANTEOJOS

Para interpretar la nueva realidad hay que calzarse anteojos de alcance. De esos que cuando éramos canis estaban en los miradores al lado del mar, y podías ver el horizonte a cinco duros la ojeada.

En aquellos tiempos, en los que tu mundo transcurría en el triángulo escuela/casa/familia, aquello te parecía el visor de la NASA y te abría una ventana hacia ese mundo inaccesible al que solo te permitían acceder en blanco y negro.

En ese oximorón de normalidad desescalada que nos han largado, hay muchas sensaciones que no has terminado de recuperar con relación a los de la etapa previa a este latazo. Por ejemplo, nos han jodido las rutinas, las del deporte escolar de tus hijos, las del encuentro cada quince días con tus amigos en el estadio o en el pabellón en el que empujas a tus colores. Las de las cañas del último jueves de cada mes con el grupo de colegas, del gimnasio o las madres de clase de tu hijo.

Por mi parte, he perdido el contacto con la semana. Antes, por mucho que te costase, siempre sabías perfectamente cuando amanecía un viernes o era una tarde de entre semana, y el siguiente día te costaba apencar algún día más para alcanzar la orilla del fin de semana. Ahora, como todos los días discurren con la misma murria te cuesta ubicarte en una coordenada de tiempo.

Al igual que te cuesta recuperar el biorritmo. Después de sesenta días durmiendo a deshoras no hay alma que recupere su liturgia, ni para dormir, ni para comer ni para trabajar.

No tengo duda de que nos recuperaremos, porque, al fin a al cabo, somos animales en los que la fuerza de la costumbre es nuestra guía y la lumbre que nos hace avanzar. Así que nos acostumbraremos. Como a todo.

Pero es que nos ha quitado es pequeñas ilusiones en las que los bípedos disfrazamos lo contrahecho de la existencia. El verano es una utopía quimérica, los bares no son bares, lo que pesa a Chica9 como  si fuera la Ley de la Horca. No se te ocurra preguntar si hay sitio en una terraza, porque el dueño te echa una de aquellas miradas que te clasifican como discapacitado mental. 

Si te acercas a la playa te sientes como un proscrito, para darte un chapuzón en las piscinas necesitas cita previa y escoger cuadrante. Y tomarte una caña sin planificarla dos horas antes es más difícil que encontrarte la salida del laberinto de Dédalo. No te digo nada, cuando te sientas en un restaurante, donde tienes que desinfectar hasta el bigote de las gambas.

Si te acercas a misa o te toca un funeral, aquello se parece más a una película de Berlanga con guión de Rafael Azcona, con el cura rociando gel en los gadgets de la consagración, Si te arriesgas a poner la tele o la radio, escuchas una retahíla de palabrería y te quedas la sensación que nadie sabe de lo que habla. Porque al fin y a la postre, no hay nadie más aburrido que el que se esfuerza por idear respuestas ingeniosas.

Y no te dejan salir de la provincia. Como si la de al lado fuera Jauja.

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Acerca de Asier Guezuraga Asier Guezuraga Ugalde, nació en Busturia el 9/4/1972. Pasó su juventud en pleno corazón de la Bizkaia profunda, la villa de Gernika, de cuyos recuerdos se nutre este blog. Taurino irredento, hace compatible su odio al fútbol moderno siendo hooligan del Gernika Club, el mejor equipo del mundo hasta que alguien demuestre lo contrario, Juntaletras de novela negra con dos novelas publicadas, apasionado del baloncesto, cocinillas y sobre todas las cosas, muy frikie.
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