TECNÓLOGOS

Si algo ha demostrado esta culebra interminable del confinamiento es que esta sociedad está empachada de tecnología. Demasiada virtualidad. Esa querencia siniestra que arrastramos, como hace el fantasma con la bola, para estar en todos los sitios a la vez.

Hay que reconocer que, durante la reclusión, lo poco que ha seguido funcionando con cierta normalidad es aquello de fuente tecnológica. Hacer una transferencia bancaria desde la aplicación de la entidad, impartir las clases por internet con el Classroom o mantener una reunión con la matraca de Go to Meeting, el Zoom o el Google Teams ha chutado mucho mejor que ir a comprarse una camisa o reparar el lavavajillas.

Ha sido otra vez la forma de acercarnos al mundo exterior sin haber llegado a comprender del todo a aquel que cada uno de nosotros llevamos dentro. Se ha desterrado la introspección y a todos nos gusta mirar la vida desde el batiscafo de internet, y la plaga de las redes sociales. La proliferación de las terrazas y balcones sociales acuciadla por el encierro.

Cuando vamos ya atisbando la salida a este laberinto nos toca entornar los ojos como quien intenta acostumbrarse a la luz tras un largo tiempo de oscuridad. Vamos a tener que volvernos a acostumbrar a las relaciones sociales, a sentarnos en una mesa, a convencernos el uno al otro, incluso a darnos la mano y a abrazarnos.

En esa pista de despegue, recuerdo un estudio que decía que lo único que escriben a mano los chavales de hoy son los exámenes y la carta a los Reyes Magos. Porque ya no son calígrafas ni esas misivas de amor que se mandaban en cadena en clase en cuartillas dobladas en clandestinidad. Porque no existen. 

Lo cual es una pena. Porque la letra decía mucho de los estados de ánimo, de la emociones. 

En el otro lado estamos los descatalogados tecnológicos, todos esos los que, por un motivo u otro, en un remake de La Canción del Pollino que escribiera mi amigo Jaime hace ya treinta y cuatro años, nos dejamos arrastrar por la inercia del tiempo.

Y así, cambian las estaciones, las modas en el vestir, los teléfonos móviles y los estados (de ánimo), sin que ni siquiera nos demos cuenta. Bendito sea.

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Acerca de Asier Guezuraga Asier Guezuraga Ugalde, nació en Busturia el 9/4/1972. Pasó su juventud en pleno corazón de la Bizkaia profunda, la villa de Gernika, de cuyos recuerdos se nutre este blog. Taurino irredento, hace compatible su odio al fútbol moderno siendo hooligan del Gernika Club, el mejor equipo del mundo hasta que alguien demuestre lo contrario, Juntaletras de novela negra con dos novelas publicadas, apasionado del baloncesto, cocinillas y sobre todas las cosas, muy frikie.
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