EL BAÑADOR DE BENI

Para celebrar el aniversario de la presentación de La Infamia, y después de un involuntario receso en mi afición a juntar letras, me reengancho (palabra que siempre asociaré a las timbas familiares de chinchón que jugábamos en Gernika cuando era cani) con un tema que me tiene más que mosqueado.

Aquel paciente lector que haya seguido el devenir del blog, sabe de mi vocación por las religiones cuyo credo exige el correspondiente viacrucis. Ya sea el Gerni, el mejor equipo de fútbol del mundo mientras nadie me demuestre lo contrario, Los Toros, cada vez más decimonónicos y a contraestilo social, el Boxeo o los restaurantes de comida de cuchara y mantel de cuadros, todos presentan un denominador común. Cada mañana, contamos con un correligionario menos, que emigra con dirección al valle de Josafat, y le sustituye un nuevo ciudadano que, rendido al postureo, no está ni se le espera.

Lo pensaba ayer cuando en la reunión de una escisión de la friki escuchábamos copla (gran Antonio Molina), o esa magnífica La Leyenda del Tiempo de Camarón que cambió el mundo del flamenco, cuyo turismo trato de demonizar al de La Isla. Estamos en riesgo de extinción.

Por eso, con el tiempo, he desarrollado un certero instinto para amoscarme con aquellas de mis incursiones vitales en las que todo parece ir bien. Puede ser falta de costumbre, que en el fondo me motive el peralte de las curvas o que considere que, en esta existencia no hay rosa sin espinas, pero es que siempre termino buscando donde cohabitará el hijoputa o se orillará la jugarreta del destino que lo haga trastabillar.

Es, exactamente, la sensación que tengo con la ebullición que está viviendo el Bilbao Basket, uno de los tajos a los que he empleado mi escaso ocio en los últimos dos años. Hace menos de un año, escribía un post en la habitación del hotel de Sevilla la mañana antes de disputar la final de la Copa de la Princesa, final que, como no pudo ser de otra forma perdimos. Hablaba de que queria enseñar a June que en este tipo de apuestas a fuerza de ser perseverante, algún día te embuchas una satisfacción, y te sientes triunfador, por lo menos hasta que suene el despertador la mañana siguiente.

Nada hacia prever entonces que un año después seriamos el equipo de moda de la Liga Endesa, y que después de haber mandado a la lona a Valencia, Baskonia, Real Madrid y Barcelona, fueramos a jugar la Copa de Málaga. Que para la ACB es como para Mónaco el baile de la Rosa donde se juntan las principales fortunas del Principado, que este año van a sentar en su mesa a un pariente pobre como somos nosotros.

Da cierto vértigo que un club que andaba el año pasado en las catacumbas de la LEB, y cosiéndose con grapas de hospital de campaña as costuras económicas, deportivas y administrativas, este viviendo esta ilusión alucinógena. Pero, al fin y al cabo, los parientes pobres tenemos también el derecho de sentarnos en una mesa con servicio a la rusa y disfrutar. Y en este caso, tenemos la garantía de que mi compadre Fifteen capeará olas y evitará naufragios desde el timón. Que para eso en inteligencia afectiva no le gana nadie

Destino Málaga por tanto. Con June de la mano, claro está. Que Beni se ha comprado un bañador para la ocasión y toca estrenarlo. Para que, al menos durante tres días, no nos sintamos hijos de un Dios menor.


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Acerca de Asier Guezuraga Asier Guezuraga Ugalde, nació en Busturia el 9/4/1972. Pasó su juventud en pleno corazón de la Bizkaia profunda, la villa de Gernika, de cuyos recuerdos se nutre este blog. Taurino irredento, hace compatible su odio al fútbol moderno siendo hooligan del Gernika Club, el mejor equipo del mundo hasta que alguien demuestre lo contrario, Juntaletras de novela negra con dos novelas publicadas, apasionado del baloncesto, cocinillas y sobre todas las cosas, muy frikie.
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